Hace frío en la capital Chile, a eso de las 17:00hrs. de un sábado no cualquiera. Es otoño, sin embargo, ni la lluvia logra entibiar las bajas temperaturas reinantes en la ciudad de Santiago en esos momentos. Escena distantemente diferente a lo que ocurre al interior de un pequeño edificio de tres pisos, ubicado en la comuna de Ñuñoa (Dpto. C, para ser exacto). Y no me refiero solo a esa estufa convencional que calienta las macizas paredes del hogar de la dramaturga más sobresaliente a nivel latinoamericano; sino a la propia calidez humana de Isidora Aguirre Tupper, una conversadora innata, quien con su sola sonrisa, ya logra contagiar a quienes le rodean. Una tenue luz interna le da más calidez, esa de los que saben; es que no en vano, durante su vida, esta dama de las tablas, siempre ha estado conectada a las tertulias familiares; reuniones donde ya observaban las aptitudes artísticas de una niña de entonces, cinco años de edad; la que sentada frente a un piano (el mismo que hoy nos mira en silencio), testigo de tantas encuentros culturales. No podía ser de otra manera, si en su árbol genealógico sobresalen artistas de excepción (es tataranieta de Isidora Zegers), compartiendo en sus primeros años con personajes de la talla de una Marta Brunet; un Pablo Neruda; un Manuel Rojas, o su propia tía, Ester Hunneus, más conocida como “Marcela Paz”, la autora de “Papelucho”. A sus 85 años, acaba de recibir la Medalla “Docencia cultural. Pablo Neruda”, de manos del Ministro de Cultura, José Weinstein (marzo de 2005); diploma que luce orgullosamente, en una de sus paredes-museos, entre muchos otros reconocimientos y anuncios publicitarios, de alguna de sus obras traducidas a otros idiomas; por ejemplo. “La Pérgola de las flores”. Nada de joyas ni maquillaje estético, se viste sencilla esta mujer, viviendo en la modestia digna, esa que encanta. Muy diferente a la historia de su linaje culto y refinado; no tiene empleados domésticos ni tampoco suele viajar a Europa, como en sus comienzos. Quizás, de ahí se comprenda en algo, la aptitud social plasmada en sus escritos: “Población Esperanza”; “Los papeleros”; “Minero último hombre”; por nombrar algunas de sus obras, rescatan toda esa preocupación por los más desposeídos vestidos de pobreza; algo que ella no conoció y, que tan bien mimetiza en sus respectivos personajes; no en vano, más de treinta obras, entre novelas; cuentos infantiles; y teatro, avalan sus claros ideales. Escritora; pintora; pianista; autora de temas musicales de orden folclórico; una caja de pandora puesta al servicio de su pueblo, de su patria, es esta señora de aspecto frágil y estatura diminuta (1.50 mts.). Por ello, quizás, en su acogedor living, los sillones estén en romance directo con el suelo; como si estuviéramos en un templo oriental. Tal vez, por que esta prolífica autora tiene paciencia de chino al momento de crear sus personajes, yendo personalmente a terreno para compartir con aquellos que luego se verán retratados en los escenarios, tanto locales como internacionales.
Se abre el telón; se encienden las luces, saliendo a las tablas parte de la fascinante historia de una mujer valerosa como su Manuel Rodríguez; valiosa como su legado; encantadora…como su ángel.
“A LOS CINCO AÑOS DEBUTÉ EN EL TEATRO”.
¿Cuándo nace Isidora Aguirre?
“Curiosamente, nací en Santiago y, le digo esto, por que casi siempre los grandes personajes han nacido en provincia; pero yo, nací en Santiago de Chile, un 22 de marzo de 1919”.
¿Cómo describiría su niñez?
“Hace poco mis nietos me hicieron una entrevista para el colegio, donde están pidiéndole entrevistar a un personaje importante de Chile y, me preguntaron en un video como resumiría mi vida en tres palabras ¿Sabe lo que dije? “Tengo mucha suerte”. Es así, por que esa suerte tiene que ver con mi infancia.
Nací en una casa de familia acomodada, donde mi madre era pintora y mi padre gerente de una compañía de ingenieros. Por esos años, mi mamá hacía tertulias, viniendo a la casa gente muy importante; músicos; pintores; poetas; etc. Todo muy holgado. Tuve clases de ballet; de piano; de inglés; de bailes; de todo lo que se necesita, estudiando en un colegio muy exclusivo llamado Jean D´arc, donde aprendí muy bien el francés”.
¿Qué recuerda de aquellos años?
“A los cinco años, debuté en el teatro, claro que actuando; incluso, tengo el recorte del diario de la época donde aparezco sobre el escenario. Lo que pasa es que yo tenía un tío que era actor; cómico; imitador fantástico; quién, después, curiosamente, se metió a cura. El hacía una obra de Dumas en el teatro municipal, llamada “El aguilucho”; en esa obra, yo tenía que hacer un parlamento de dos o tres frases.
Le voy a contar una anécdota. A los 21 años me casé con un español refugiado, capitán de tanques de la guerra civil y; precisamente, el cura que nos casó fue este tío que antes había sido actor. En plena ceremonia, mientras este sacerdote hablaba, mi familia entera se reía, y todo por que antes de meterse al sacerdocio, mi tío solía imitar muy bien a los curas; así es que mi abuela; mi mamá, no paraban de reírse y él que se equivocaba con los nervios; y todo por que su voz salía igual a la voz que él mismo imitaba cuando era actor”.
¿Cuénteme algo más de su infancia, por favor?
“Mi infancia fue en medio de mucha cultura; en vez de tener revistas de monos animados, nosotros leíamos las revistas de arte que tenía mi mamá; las ilustraciones de la Biblia. Recuerdo que nos pasaban un lápiz y nos poníamos a dibujar. Además, como tocaba piano desde muy niñita, presiento que me explotaban artísticamente; ya que mi abuela me llevaba a las parroquias para bailar o tocar piano, presentándome como toda una niña prodigio que hacía estas maravillas con tan solo cuatro años; pero resulta que yo tenía siete años y, como siempre fui pequeñita, pasaba como todo un fenómeno; es que nunca representé mi edad.
Recuerdo que como a los diez años, dije: “¡Ya, está bueno! Me pasmé, no quiero que más me exploten”.
¿Qué recuerdos tiene de sus padres?
“Mi mamá era muy imaginativa, a diferencia de mi papá; así es que siempre le creía más a él que a mi mamá; por lo tanto, lo que él decía, era verdad; tenía mucho sentido del humor, pero no tanta imaginación. En cambio, mi mamá era un río de imaginación desbordada; mi papá me contaba que, de pronto, cuando él necesitaba alguna idea, me decía: “A ver hijita, deme ideas”, esto a la hora de almuerzo, y yo empezaba a preguntarle cosas del veraneo, hasta cosas de ingeniería; mientras mi mamá empezaba a dar ideas. “¡Ya, paren!” Decía mi papá, “esa me sirve; y no sigan por que se me va olvidar”.
Entonces, de mi papá heredé el sentido del humor; y de mi mamá, la imaginación. Es por ello que pude escribir “La pérgola de las flores”, gracias a esos genes; así como mis otras comedias”.
Como verá, mi infancia fue muy feliz, tanto que cuando escribí la obra “Los papeleros”; sobre la gente que trabajaba en los basurales, me decían como yo podía escribir esa obra, sin haber tenido una infancia desgraciada. Pero fíjese que gracias a mi niñez; a mis estudios, tengo la cultura necesaria para relatar las injusticias; por que la gente más explotada en el mundo, es precisamente, la gente de los basurales”.
¿A qué jugaba cuando jugaba?
“Mis padres eran muy amigos de la familia Llona, o sea, de don Agustín Llona y de Isabel Barrios, abuela de la escritora Isabel Allende. En esa familia, había un niño de nombre Pablo que tenía la misma edad que yo; y quien, desde los siete años de edad, cuando nos conocimos veraneando en la playa de Cartagena, fui su primer amor y él el mío, hasta los quince años, cuando empiezo a pololear; sufrió mucho Pablito, hasta que se le pasó y se casó, siendo luego como hermanos”…
Pero ¿A qué jugaban?
“Era un amor de mirarse solamente, jugando por ejemplo, a los bandidos. Con la María Llona quién era la mayor y además, tenía como tres años mayor que yo (Era muy fortacha, pero si yo le llegaba a la cintura), pertenecíamos a un grupo y; Pablo junto a mi hermano mayor, formaban el otro grupo; peleando con sable s de madera; subiéndonos a los tejados de esas casas antiguas, donde ellos vivían. Cuando a uno lo herían, caían y los tomaban prisioneros; encadenándonos en el poste del primer patio, que era donde iniciábamos estos duelos. Imagínese como llegábamos de moradas donde las monjas, con las marcas de cadenas en nuestros cuerpos. Pero lo lindo es que cuando mi hermano me tomaba presa y me encadenaba, muy pronto aparecía Pablito, quien me amaba y, me soltaba…que pena que haya muerto tan joven”.
NACE LA DRAMATURGA.
¿Qué lee cuando lee?
“Qué no leo, pregúnteme, todo. Desde hace años que he leído a todos los autores de teatro; también, a todos los escritores latinoamericanos del boom; para mí, el mejor, Juan Rulfo, leyendo todas sus obras; también me encanta Cortazar; todo lo que ha escrito García Márquez; Vargas Llosa, sólo alguna de sus obras. Dentro de los escritores chilenos, todos los libros de Volodia Teitelboim, esas tremendas biografías; no soy gran lectora de los que están de moda, como Collier, por ejemplo.
En estos momentos, estoy leyendo un libro de Eduardo Labarca, a quién conocí cuando él tenía diez años, en Francia; siendo mi regalón, ya que éramos muy amigo de su padre, Miguel Labarca.
Hace poco vino desde Australia, donde vive, para presentar sus libros y, aprovechó de venir a saludarme y de regalarme sus libros; uno de ellos es “El cadáver tuerto”, un libro muy imaginativo y, otro que es sobre Butamalón. Muy curioso, por que yo tengo una novela que todavía no se ha publicado, llamada: “Los guerreros del sur”, y que acontece entre los años 1600 y 1641; donde aparece Lientur, el que sigue a Lautaro y a Pelantaro, finalizando con la paz de Quilín, en el 41. Antes, yo había escrito “Lautaro” y, entremedio de esto, Eduardo Labarca escribe este libro llamado “Butamalón”, que termina a fines del 1500, cuando ocurre una gran rebelión mapuche; curioso, por que yo empiezo ese año, cuando nace Lientur en el año de la rebelión; tomando la historia desde los 10 años, cuando lo adoptan; criándose en una misión donde estaba Fray Luís de Valdivia; jesuita, quién luchó mucho en contra de la esclavitud. Sin saber, entre los dos, armamos una gran parte de la historia mapuche”.
¿A qué edad empieza a escribir?
“Cuando aprendí a escribir, por que inmediatamente hice un libro de cuentos, con tapa y todo; un chiste llamado:” Los anteojos de Pepito”. Esto debe haber sido como a los cinco años, ya que por esos días es cuando también debuto en el teatro”.
¿De que trataba este librito?
“Relataba la historia de un niño que veía cuando su papá se ponía los anteojos para leer el diario, creyendo que al ponérselos también, uno podía leer. Entonces, un día, le saca a escondidas los lentes al papá, encontrándose con un gran chasco.
Recuerdo que ese librito tenía tapa de cretuna…lo empasté y todo”.
¿En qué año debuta en la novela?
“Por los años 44-45. Hubo un concurso en una editorial, llamado “Rapanui”. Esa vez no encontré nada de rapanui, pero como tenía un libro sobre Hawai, escribí una novela para niños, sobre una aventura en un río de Hawai”…
¿Cómo le fue?
“El primer premio se lo sacó un señor de apellido Gutiérrez, un costarricense que dirigía la editorial “Quimantú”; luego vinieron dos menciones honrosas, una para Ester Hunneus, con “Papelucho”; y yo, con “Huaqui”.
Hernán del Solar, más un catalán, cuando leyeron esta novela quedaron asombrados; Hernán me dijo, aquella vez: “Se ve, por esta novela, que usted tiene imaginación y talento para algo mucho más estable”, así comencé”.
INCURSIONA EN LA MÚSICA.
En su árbol genealógico aparece la gran Isidora Zegers, cuéntenos de aquello, por favor.
“Si me llamo Isidora, es precisamente por ella.
En mi familia, hay muchos artistas; está Pablo Hunneus; Virginia, como pintora; mi tía, Ester Hunneus, la que escribió “Papelucho”, etc…”
¿Por cual rama desciende usted?
“Mi madre es Tupper Hunneus, así es que yo desciendo de los dos maridos de Isidora Zegers, por que mis abuelos son nietos de ella; uno es Tupper y la otra Sara Hunneus. Entonces, tengo genes por ambos lados”.
Tengo entendido que en sus inicios, usted también incursionó en la música, claro que en el rubro folclórico.
Cuéntenos algo de aquello, por favor.
“Yo componía canciones desde niña, recuerde que tocaba piano desde muy pequeña, al igual que mi hermana. Cuando llegaban visitas a la casa, mi mamá me decía: “Venga y toque algo”; pero me equivocaba siempre, así es que decidí con mi hermana tomar clases de guitarra con una tía, Lila Bianchi; quien junto con Carmen Cuevas, eran las grandes profesoras de guitarras de aquellos años. Pero resulta que yo era muy porra para aprender, porque lo mío siempre ha sido crear; entonces, me costaba aprender los rasgueos; aprender las letras de las canciones; a retener la entonación; a diferencia de mi hermana, quien era estupenda para aprender; entonces, en vez de aprender lo que la tía enseñaba, empecé a crear mis propias canciones, tanto en letra como en música; en sus rasgueos; ritmo; todo; diciéndole: “Mire tía, no aprendí esa canción pero hice esta otra”, gustándole tanto que luego la apuntaba; así empezaron a salir mis canciones.
Ya más adulta, me gané la vida dibujando; componiendo música; hasta tuve clases de música con Juan Orrego, quien era mi amigo; antes de que yo partiera con mi marido a Europa, a los 29 años de vida”.
Así llega a grabar con grandes artistas de nuestro folclor musical.
“Fíjese que cuando nacen “Los Huasos Quincheros” (año 1937), al grabar ellos su primer disco, lo hacen precisamente con una canción mía llamada “Parecer”; y por el otro lado, curiosamente, aparece una canción de “Pancho” (Francisco Flores Del Campo, creador de la música en la obra “La pérgola de las flores”), llamada “Mi caballo”.
Cuando hice este tema para mi tía (“Parecer”), le gustó mucho; claro que en su versión original, yo le había puesto un ritmo mapuche, llamándole “Araucana”, la que gustó mucho también a RCA Víctor, grabando en ese sello este disco. Así empecé en esto de la música”…
También le llega a componer a Margot Loyola.
“Después de que me graba la RCA Víctor, comencé a componer canciones en forma más profesional; gustándole mucho también al Instituto de Extensión musical de la Universidad de Chile; y a Domingo Santa Cruz, quien dirigía la Sociedad Bach, grabando allí mis canciones; enviándola después a Boston. En ese momento, Margot cantaba a dúo con su hermana Estela (Dúo de “La hermanas Loyola”), y se enteró de mis canciones; ya que ella trabajaba para este instituto. De esta manera, llega Margot a cantar una canción de mi autoría llamada “La vertiente”, la que cantaba de una forma muy apasionada. Ya solista, se la graban en España; luego, cuando canta en Moscú, también le graban varias canciones, apareciendo una mía llamada “El yuyito”, una especie de trotecito.
Después de esto, me dieron una beca para viajar a Boston y Nueva York, para grabar folclor en una institución llamada “Sociedad del folclor”…
¿Cómo le fue en EE.UU.?
“No fui. Lo que pasa es que en esos momentos, mi marido que se encontraba en París, me mando un pasaje para que me fuera a Francia, desechando esta beca. Desde ese tiempo que hemos sido muy amigas con Margot; yo tenía unos discos de ella por ahí, como de prueba, los que desgraciadamente ya no existen; pero sí guardo su disco “La vertiente”…
Otro capítulo interesante en su vida, es haberse topado con Violeta Parra. ¿Recuerda como se conocen?
“En el año 1955, los alumnos de teatro de Hugo Miller solíamos juntarnos a la hora de almuerzo en el “Café Santos”, ubicado aquí en Santiago, lugar donde se formaban interesantes tertulias culturales y donde además, teníamos nuestras propias mesas.
Un día, recuerdo que veníamos llegando al café junto a Lucho Cornejo, padre de Muriel, cuando de pronto escucho un grito que me decía: ¡Oye Isidora! Era Violeta quien me llamaba en el momento que yo pasaba al lado de su mesa, “Nosotras debiéramos ser enemigas”. ¿Por qué? Le pregunté extrañada. “Porque a ti te canta la Margot Loyola y dicen que la Margot Loyola y yo somos enemigas y eso es mentira, porque Margot y yo somos muy amigas”. Eso fue todo lo que me dijo entre sonrisas.
De esta manera tan curiosa , nos conocimos con Violeta”.
¿Quiénes son para usted, las tres grandes folcloristas de Chile?
“Hay tres grandes folcloristas en Chile, Violeta Parra; Gabriela Pizarro y Margot Loyola; quien tiene sobrado mérito para ser Premio Nacional de Arte, en eso fueron muy justos con ella.
Bueno, es esta la razón del por qué casi todas mis obras tienen música; componiendo también, cuando he tenido que adaptar música española por folclórica; así es que me muevo bastante bien dentro de la línea folclórica”.
ESTUDIA CINE EN FRANCIA.
¿Cómo llega a estudiar cine en Francia?
“Me casé en el año 1941, a los 21, con un español refugiado en Chile, capitán de tanques de la guerra civil española. Cuando comenzamos, no teníamos ni un veinte, ya que él no tenía una profesión; yéndonos al campo, a una chacra que nos regaló mi padre, sin saber nada de esa vida; fue entonces cuando me gané la vida haciendo clases de francés; haciendo, incluso, clases simultaneas; traducciones”.
¿Pero cómo llega a estudiar cine?
“Tiempo después, me voy a Francia, donde mi marido estaba allí haciendo un negocio de libros; trabajando junto a un amigo que era de la embajada. Allí querían hacer una película, así es que me pidieron que escribiera un guión, claro que no me fluía; hasta que de pronto, veo un aviso donde decía que podía estudiar cine como alumna libre extranjera; me inscribí, alcanzando a estudiar un año. Me fascinó el cine, tanto, que incluso al terminar el año, uno debía hacer un examen final, el que consistía en escribir un argumento y, luego filmarlo con esas cámaras grandes, donde los mismos compañeros actuaban.
Así nace la obra “Entre dos trenes”, la que está basada en ese guión que escribí como examen de cine, todo muy cinematográfico.
Fue allí, en Francia, donde vi mucho teatro; siendo muy amiga de la mujer de Gerard Philipe, gran actor francés, quien era lo máximo en el cine en esos momentos; filmando películas maravillosas como galán, por ejemplo, “El Príncipe idiota”.
COMIENZO TEATRAL EN CHILE.
¿Qué pasó con usted al llegar a su país, después de haber estudiado cine en Europa?
“Cuando llego a Chile en 1950, me pidieron que enseñara cine en la primera escuela de cine que recién estaba empezando; me negué, por que encontré que no era correcto enseñar con apenas un año de tres que correspondía a la carrera”.
¿Cómo comienza a introducirse de lleno en las tablas nacionales?
“Recién llegada a Chile y estando en la casa de mi madre, me encuentro con Vittorio Di Girólamo, quien acababa de llegar a nuestro país también. En esos momentos, a su padre, Julio Di Girólamo, quien era pintor, le tenían retenido en la aduana todas sus pinturas y caballetes; así es que mi madre, quien también era pintora, le prestó todas sus cosas, transformándose en amigos desde entonces. En eso Vittorio, me hace traducirle un libro sobre Stanislav, del francés al español; fue entonces cuando Vittorio me pide que sea su ayudante de dirección en una obra experimental que se iba a realizar con la gente del teatro de ensayo, donde estaban Jorge Álvarez; Celedón y otros buenos actores de aquellos años”.
¿Qué pasó con la obra?
“Era una obra clásica de Aristófanes, pero no resultó por que los actores nunca llegaban a tiempo; se equivocaban cuando mostraban la obra; pero si incluso, yo misma tuve que tomar el papel de un actor y leer el parlamento, toda una cosa muy rara. Al final, Vittorio dijo que aquello era una porquería, que no valía la pena seguir con esa obra; ahí mismo me fui a llorar a un cine, mientras los otros veían la película”.
¿Qué pasó, profesionalmente, después de este fracaso?
“Un mes después, Hugo Miller me encuentra en un trolebús, pidiéndome que entrara a su academia, que tenía que ver con el Ministerio de Educación, donde iba a dictar cursos para escritoras; confundiéndome con una niña que escribía libretos para radio. El problema es que yo no quería escribir teatro, me atraía mucho el tema pero desde dentro; no quería conocer el teatro desde afuera, diciéndole que no me interesaba ese curso; ahí me dijo : “Te cuesta 60 pesos y el carné”…hasta que me convenció”.
¿Cómo le fue esta vez?
“Mejor. Entré, aprendiendo a actuar gracias al método Stanislaswky con el que Hugo enseñaba; así descubrí que se podía escribir teatro, pudiendo escribir pequeñas hojitas para los actores; para que actuaran en acciones dramáticas, bien diferidas; todos postulados de este método diseñado para enseñar a los actores.
De esta manera, adapté la obra que había escrito para cine en Francia, convirtiéndose en mi primera obra, llamada: “Entre dos trenes”; historia que ocurre en una estación, donde una niña y un loco, que ella no sabe que lo es, son sus protagonistas principales”.
¿Cuándo ocurre el estreno de esta obra?
“Esto sucede en el año 1953. Claro que también, Hugo hizo una lectura dramática con la mejor actriz que tenía, leyéndose en el entonces Instituto norteamericano; después de esto, viene “Pacto de medianoche” y “Carolina”; así fueron mis inicios en las tablas nacionales”.
“PACTO DE MEDIANOCHE”.
¿Cómo nacen estas dos obras?
“En una de aquellas tertulias que hacíamos los alumnos de Hugo Miller en el café “Santos”, Lucho Cornejo me dice que en el teatro de la Universidad de Chile estaban pidiendo obras cortas y; que había que llevárselas Domingo Tessié. Yo hace poco había visto una obra de Arthur Miller llamada “Todos son mis hijos”, donde Tessié aparecía de Adán; ya que además de buen mozo, era también un muy buen actor; así es que por puro conocerlo, le llevé las tres obras que tenía en esos momentos: “Pacto de medianoche”; “Carolina” y “Entre dos trenes”…
¿Qué pasó entonces?
“A la semana me llaman del teatro “Antonio Varas” para decirme: “No sabíamos que usted era autora”, atendiéndome muy bien y; yo, muy sorprendida, por cierto. Pasaba que “Carolina” les había gustado tanto, que en vez de pasar estas obras en un acto; en los festivales donde actuaba gente aficionada, de provincia; deciden, por primera vez, montarla ellos mismos; con Eugenio Guzmán, quien venía llegando de Yale, EE.UU. junto a las mejores actrices”.
Por fin tenía una de sus obras en sala. ¿Cómo le fue entonces?
“En mis inicios, actuábamos casi sin gente en el teatro Talía”…
¿Porqué razón?
“Seguramente, por que nadie sabía quienes eran Isidora Aguirre y Raúl Montenegro. Incluso, Raúl me había dicho que me pusiera “René Sinclair”; René, por “Nené” y Sinclair por que me acababa de casar con mi segundo marido, el inglés Peter Sinclair; para que la gente creyera que yo era extranjera y además hombre…no quise. El hecho que no fue nadie a ver la obra, pero siempre Raúl me decía: “Tú y yo tenemos mucho talento, te aseguro que de aquí a un año vamos a tener el teatro lleno”…
¿Fue tan así?
“Así fue, por que a los seis meses, él debutó en el “Enfermo imaginario”, de Moliere, en el teatro municipal, con el teatro de ensayo, haciendo el personaje central; y justo al año, yo debuto en “Carolina”, ocasión en que él llega con una maleta desde Valparaíso para saludarme, después de la función, diciéndome: “¡Qué te dije!”. Tenía razón, por que “Carolina” fue un éxito rotundo, a diferencia de “Pacto de medianoche”, donde yo era de todo; tenía que ser utilera; soplarle la letra a Raúl; barrer; ya que no teníamos ni un veinte; hasta tuve que alimentar a Raúl”…
¿Explíqueme eso, por favor?
“Yo le llevaba un termo con sopa, sándwich; así teníamos café y algo para comer en el intermedio de las dos funciones, todo muy a pulso. Con el tiempo, Raúl siempre se acordaba de aquello; recuerdo que cuando me escribía desde Francia, donde ganó importantes premios, me ponía: “Tus sopitas nunca las olvidaré”. En ese tiempo, la hija de Raúl, Maitén Montenegro, era apenas una niña. En el “Antonio Varas”, mientras tanto, estaban dando “Noche de reyes”, con Alicia Quiroga, la “Mané” González, Mario Lorca y, todos los grandes actores del momento; entonces, yo pensaba: “Pasarán por lo menos unos cinco años, antes de que yo llegue a ese teatro”; pero tal como lo predijo Raúl, exactamente al año del estreno de “Pacto de medianoche”, yo estaba en el “Varas”.
¿Con respecto a hacer de todo?
“Fue una experiencia muy linda, donde todo era a pulso, donde yo misma tenía que cargar un revolver de utilería con pólvora; por que la niña se iba a suicidar cuando pensó que el que entraba a escena era un bandido, que en verdad era un ángel que también había muerto; quien le dice que no lo hiciera, que habían cosas tan bellas en la vida, que no valía la pena suicidarse; contándole lo que yo en verdad había visto la primera vez que viaje en avión a Europa, cundo fui a encontrarme con mi marido; en un bombardero inglés de la guerra, arreglado para viajes a muy baja altura”…
¿Qué cosas observó en ese vuelo?
“Vi el mapamundi; vi la cordillera; donde nacen los ríos; donde nace la pampa; como se va transformando la amazonas en Brasil; pasamos por Dakar; cruzamos el África, una mañana de arena rosada; nos quedamos una noche en Madrid, viendo desde arriba las plazas de toro; llegando finalmente a Francia, maravillada; tanto, que a mi marido que no le veía hace un año, apenas le dije hola, molestándose mucho por ello. Bueno, todas estas cosas contaba el ángel en la obra, diciéndole a la niña que quería suicidarse: “Si usted hace un viaje, puede ver el mapamundi por arriba, hay muchas cosas bellas en esta vida. Prométame que si le pasa algo extraordinario antes de la medianoche, usted va a renunciar a su idea de suicidarse; por eso “Pacto de medianoche”. Después de esto, ella iba a descargar su revolver, pero según mi libreto, a ella se le escapaba un tiro, desmayándose al creer que se había herido. Es en esta escena, precisamente, donde no le salía el tiro a la actriz; viendo como la actriz empezaba a enrojecerse, desesperada por lo que estaba ocurriendo; al darse cuenta Raúl de esto, tira al suelo parte de un decorado, provocando un gran estampido, desmayándose finalmente la niña, increíble todo eso”. Evoca entre sonrisas.
“CAROLINA”.
¿En que se basó para escribir la obra “Carolina”?
“Esta obra, que me dio a conocer en el teatro “Varas” en diciembre de 1955, es una historia preciosa; una comedia basada en algo que me sucedió, dirigida por Eugenio Guzmán, donde hizo el papel principal muy bien Alicia Quiroga”…
Pero ¿Qué ocurrió para que naciera esta obra?
“Esto pasó en esta misma casa, donde vivo hace más de 60 años. Recuerdo que estaba sola junto a mi marido español, ya que nuestras hijas se encontraban en esos momentos en Isla Negra, preparándome para ir a buscarlas a ese lugar. En eso, mi marido me pide que le deje algo para comer, dejándole jamón, queso y otras cosas en el refrigerador; además de unos huevos cociéndose en la cocina. La cosa es que cuando ya iba por Melipilla, me acordé de la olla que le había dejado encendida en la cocina, empezando a sufrir horriblemente; pensando qué iba a pasar con esa olla, suponiendo que al no estar yo ni nuestras hijas, algo iba a pasar, ya que mi marido recién llegaba a la casa como a la una de la madrugada. ¿Qué hay alrededor? Un cajón de madera, de la basura. ¿Las ollas saltan o no? Mientras sufría en ese bus que iba a Isla Negra, empecé a preguntarle a los pasajeros ¿Usted nunca ha dejado una olla encendida en el fuego por varias horas? “Sí”, me decía una “alguna vez dejé encendida una olla con lentejas”. Entonces, “Carolina” trata sobre esto, de la realidad de una mujer que va rumbo a un lugar”.
Hábleme ahora de la puesta en escena de esta obra.
“Ahí, con “Carolina”, es cuando me ponen de director a Eugenio Guzmán y; de actriz, a la Alicia Quiroga, quien estaba brillando en “Noche de reyes”; no lo podía creer, salí del teatro y no sentía los pies al caminar, como si estuviera caminando en las nubes…y todo de felicidad. Es que trabajar en la obra con los conocimientos que traía Eugenio desde EE.UU. mejorando, depurando más aún “Carolina”, era otra cosa; a diferencia de “Pacto de medianoche”; obra que se daba junto “Al canto del cisne”, donde Raúl Montenegro nunca se la aprendió por dedicarse sólo a la mía, ya que le gustó mucho”.
Pero cuénteme algunos entretelones.
“En “Carolina”, Raúl dijo que iba a hacer sólo una lectura del parlamento; ahí yo le digo: “Pero como se te ocurre, si vamos a cobrar entrada”, a lo que Raúl me contesta: “Bueno, entonces sóplamela”, y así fue, toda una anécdota”…
Cuéntenos de aquello, por favor.
“Recuerdo que en un escenario vacío, me pusieron detrás de un sofá, mientras aparecía en escena un viejo actor que entraba con una sabana( la que yo tenía que coserle al cuerpo minutos antes) y, cuando se pusieron las luces, se veía como un dinosaurio en el pecho; la cosa es que tuve que envolverme en la cortina, cuando esta se abría, yo quedaba al lado de una pequeña columna griega; luego, entraba a escena Raúl con una palmatoria con un vela y la ponía encima, para que yo viera el libreto que le tenía que soplar. Era tan talentoso este hombre, que mientras yo le soplaba, me hacía llorar con su parte dramática; además, de pronto, decía con voz fuerte: “Soplad viento, soplad”, del rey león; haciéndome un guiño para que yo hiciera como que soplaban; después decía: “Que triste ver un teatro vacío”, como parte de la obra, claro que haciéndome otro guiño, ya que en verdad, teníamos el teatro vacío; estuvo lleno sólo para el estreno.
Esto fue mi primer aprendizaje, por eso se lo cuento.
MANUEL ROJAS Y “POBLACIÓN ESPERANZA”.
Su historia dice que también compartió con el gran escritor nacional, Manuel Rojas. ¿Cómo fue su relación con él?
“Estupenda, no tengo nada que decir, es que era amigo de la familia por que pololeaba con una tía mía. Era tan amoroso conmigo, como un papá diría, ya que era harto mayor que yo; un hombre muy simpático”
Tan buena, que además escriben juntos una de sus obras.
“Recuerdo que en un momento, él quería escribir una comedia y; después de haber visto “Carolina”, me lo propuso. “No Manuel, yo no quiero escribir una novela; quiero aprender sobre la gente del pueblo; si quieres escribir conmigo, como tú fuiste obrero, ayúdame a escribir una obra que tenga que ver con las poblaciones”…
¿Aceptó de inmediato?
“No, se hizo de rogar harto; hasta que en el año 1958, a fines, mientras estábamos en una fiesta en su casa; junto a González Vera, recostados en el suelo, de guata, tomando vino, me dice: “Ganas tú, mañana empezamos”. Al otro día comenzamos a escribir “Población esperanza”, claro que de una manera bien especial”…
¿Por qué?
“En ese tiempo, Manuel sufría del corazón, estando con un tratamiento estricto y en cama; así es que él estaba acostado y yo, en la mesa que tenía al lado, poniendo allí la máquina de escribir. Lo divertido era que cuando lo llamaban sus amigos, contestaba diciendo. “Aquí estoy, en cama con la Isidora”.
Se quejaba mucho, debido a mi carácter puntillista, ahí me decía: “Tú exiges mucho Isidora, si esto no es el Quijote”, pero resulta que cuando vio los ensayos, se dio cuenta que yo tenía razón”
¿Qué tal esta experiencia?
“Fue muy interesante trabajar con Manuel. Le cuento, cuando estábamos escribiendo la obra, él ponía un personaje y yo el otro; por ejemplo, yo tenía al maestro Jehová, que lo hacía el Lucho Alarcón; un ladrón, que lo hacía Nelson Villagra y; un mendigo que trabajaba de mudo en la obra, a quien yo había conocido en la calle, conversando con él para esto, el “Filomeno”; quien a su vez, nos trajo a la obra a una mendiga que arrendaba guaguas, quien era muy cómica; en fin.
Después que veían la obra, el público pensaba que la mendiga era lo mejor de Isidora Aguirre y; el mendigo, lo mejor de Manuel Rojas, por su corte dramático; pero era al revés. Al finalizar la obra, le pregunté a Manuel “Tú que conoces mejor que yo a la gente del pueblo ¿Cómo encuentras mis personajes populares?” Y Manuel responde ante mi asombro: “Como si hubieras nacido entre ellos”. Es por esta razón que después me atrevo a escribir “Los papeleros”.
“SIEMPRE HE LUCHADO POR LA GENTE SIN VOZ”.
¿Qué quiso mostrar en “Los papeleros”?
“En esta obra, hice una delación de la explotación tremenda que sufría esta gente en los basurales. Ahora ocurre exactamente lo mismo, claro que han cambiado de categoría; ahora son los cartoneros los que están sufriendo”.
¿De donde proviene en usted esa justicia social?
“Siempre he luchado por la gente que no tiene voz; la gente que nace en la extrema pobreza, es muy difícil que surjan por ellos mismos; necesitan de gente que no ha tenido la desgracia de caer, para defenderlos; para tratar de sacarlos de ese estado deplorable”.
Pero debe tener un origen esta bandera.
“Cuando niña, en mi casa no se hablaba de política, ni de que existían pobres y ricos. No obstante, mi abuela, iba a la iglesia, a las parroquias, a organizar eventos en total ayuda de los pobres; por eso me hacía cantar como una niña de cuatro años, a pesar de ser algo mayor.
Recuerdo que cuando entré al colegio “Juana de Arco”, me molestaba ver en las calles a niños mendigando; me dolía, esta es la razón del por qué llegué al partido (Comunista); no podía ver a niños cojos pidiendo; en harapos, me los llevaba para que les dieran comida”.
Además, usted estudió Servicio Social.
“Cuando salí del colegio, mis padres tenían dinero como para pagarme una excelente carrera; sin embargo, entré a la escuela de servicio social; pero no siquiera a la Universidad Católica, que era pagada, sino que a la del estado, que era gratis; teniendo que hacer un estudio con todas las cosas que había aprendido en el “Juana de Arco”; así fui a dar a las poblaciones; o sea, conocí la pobreza muy de cerca.; hasta me enfermé de tifus , por comer helados en esta poblaciones, así es que como servicio social, he hecho la practica por las poblaciones ad honorem. Recuerdo que cuando empecé a investigar los basurales, iba con una amiga, que sí era visitadora, no como yo en esos momentos, una vez por semana donde ellos”.
¿Debe haberle ocurrido más de alguna anécdota en tantas salidas a terreno?
“Muchas, es que siempre me he entendido muy bien tanto con la gente rica como con los marginados, con la gente del pueblo. Pero si hasta he hecho clases en la penitenciaría de Santiago; a ladrones y violadores, ante expreso pedido de Paco Rivano, entendiéndome maravillosamente bien con ellos…
¿Pero recuerda alguna anécdota?
“Aquella vez, en la cárcel de Santiago, recuerdo que fui junto a mi hijo y mi hija; llevando en una bolsita, escondida, una grabadora; y uno de ellos, en algún momento me dijo:” Señora Isidora, esa grabadora es muy mala, yo le voy a conseguir una buena con la gente que tengo allá afuera”. ¡Imagínese! Me iba a regalar una grabadora robada; en verdad, eran geniales estos verdaderos actores de la vida”.
ORIGEN DE “LOS PAPELEROS”.
Tanto “Población esperanza” como “Los papeleros”, aborda el tema de la extrema pobreza y la explotación a personas de escasos recursos.
¿Qué cosas le conmovieron de este sufrido grupo humano?
“Cuando empiezo a escribir una obra sobre la toma de poblaciones, recuerdo que iba a investigar a las poblaciones junto a un cura fantástico, jesuita, quien me llevaba en su moto, la que tenía el asiento al lado. En uno de sus viajes, me dijo que si yo iba a escribir acerca de esas poblaciones, no debía olvidar a esas personas que recogían las basuras de los tarros; por esto empecé a investigar acerca de los que trabajaban en estos lugares”.
¿Pero qué cosas vio, por ejemplo?
“Recuerdo que por calle Matucana, había un tipo escarbando en un tarro, nos acercamos con mi amiga y le pregunto: “Buenos días, nosotros somos visitadoras sociales y nos han dicho que ustedes son muy explotados; por ejemplo ¿Cuánto le pagan a usted por el kilo de papel? Esta fue manera de cómo descubrí hacer una buena investigación; sin llevar grabadora ni apuntar; sólo preguntando lo más importante, lo que más le interesaba a esta gente, el mezquino dinero; o sea, sacándole el hilito pero por la punta. “Mire”, me respondió uno:”Estos explotadores que viven ahí, en una papelera, compran y compran y nos pagan el mínimo. Ahí recién empecé a enterarme de la vida de estos hombres, ya que también nos contaban sus tristes historias personales. Había gente tan valiosa, que por el solo hecho de que le había mal en la mina; por no haber pagado la jubilación del seguro; por que tenía silicosis; obreros que habían caído, se les pisoteaban.”
¿Qué cosas le decían, por ejemplo?
“Me hablaban acerca del maltrato por parte de algunas personas, por el solo hecho de verlos pobres o mal vestidos: “Oye, ya que tú no tienes documentos, metete en los papeleros mientras tanto, para pasar el invierno”, les decían.
Así se meten en este rubro, asegurando que este mal se pega, ya que se acostumbran a no tener patrón; a trabajar cuando se les da la gana; además, las manos se les ponen duras, con costras tanto escarbar, por todo lo que sale en los basurales, incluso fetos, si a esto le sumamos que se acostumbran a tomar trago por que dicen que “que el vino les engrosa la sangre” ; entonces, cuando van a buscar trabajos, no los aceptan “¡Ah, los mugrientos!. Todo esto me contaban ellos, con rabia y a la vez pena; en verdad, existe en esos lugares gente con mucho valor”.
¿Recuerda algo de su estreno?
“Esta obra fue estrenada, irónicamente, en precaria condiciones de trabajo, en una carpa malísima; donde hasta yo misma tuve que pintarla, para luego ir corriendo a mi casa a bañarme y volver nuevamente a la carpa para su estreno”.
¿En qué año?
“Esto ocurrió en el año 1962, con la dirección de Eugenio Guzmán; y el apoyo del grupo de actores perteneciente al sindicato”.
¿Cómo les fue, esta vez?
“Fue muy poca gente, ya que no hubo propaganda, a excepción del diario “El siglo” que apoyaba la obra; además, ninguno de los críticos se hizo presente por que decían que se había subido al escenario la miseria”.
“Qué pasó luego con la obra?
“Después de este fracaso, Venturino padre, quien había creado el Circo “Las águilas humanas”, años antes, nos ofrece gratuitamente su teatro Caupolicán para que se dieran las últimas funciones de “Los papeleros”; esta vez, con excelente público.
Mire como son las cosas, ese mismo año un director del grupo argentino “Fray Mocho” , quien había visto la obra en Santiago, la monta por esos mismos meses con excelente crítica y a sala llena en Argentina…”
A las finales, triunfó nuevamente.
“Así parece. Fíjese que esta hermosa obra, ha sido publicada en una antología de obras latinoamericanas en México; y el grupo CLETA, de ese mismo país, la montó tanto en su tierra, como también en una gira realizada por toda América central”.
“LA PERGOLA DE LAS FLORES”.
¿Le molesta ser catalogada como la autora de “La pérgola de las flores”, sabiendo que es una autora de muchas otras obras?
“No me molesta, pero me perjudica, por que muchas veces, la gente no sabe realmente quien es Isidora Aguirre”.
¿Por ejemplo?
“Hace poco le contaba al Ministro Weinstein, cuando me entregaron el premio “Pablo Neruda”, que un día que fui al banco, me presentaron como la escritora de “La pérgola de las flores”; y una funcionaria, de pronto, me quedó mirando asombrada ¿Qué le pasa? Le pregunté, “Es que pensé que esa autora ya no estaba entre nosotros”. Es por ello que en ese discurso dado al ministro y a todos los presentes, dije que me alegraba mucho que me dieran esta distinción, por que así, sabían que aún estaba vigente y entre ellos, ya que algunos pensaban que ya había muerto; que sólo había fallecido Francisco Flores del Campo, el autor de la música de “La pérgola de las flores”.
¿Cómo nace esta obra?
“Esta obra me pidió que la escribiera Eugenio Dittborn, del teatro de ensayo, cuando ya andaba figurando la idea de hacer la pérgola; proponiéndomela mucho antes, cuando yo recién tenía estas tres obras cortas; al darse cuenta que yo tenía muy buen diálogo con “Carolina”. Algunos decían que la idea original era de Tessié, otros, de Pedro de la Barra; no sé de cual de los dos, la cosa es que me negué, diciendo que no me gustaba la comedia musical; fue entonces cuando “Pancho” (Francisco Flores del Campo), dice que sí a este proyecto, yéndose a escribir al Mapocho la letra de la canción “Quiere flores señorita”.
Ellos, en esos momentos mostraban su ponencia, gustaba la idea, pero no así la obra. Es por esto que Dittborn, en el año 1959, le propone a Santiago del Campo que escribiera la obra; y a “Pancho” Flores que rescribiera las canciones; por que en verdad, la idea era muy buena.
En ese momento, Santiago del Campo, quien se iba a España y no quería saber nada del tema, pide que esta obra la escriba otra persona, por que él , definitivamente renunciaba”.
¿Qué pasó entonces?
“Después de esto, Eugenio envía a “Pancho” Flores a tentarme. En esos momentos, yo estaba casada con mi segundo marido; con mis dos hijas, una del primero y la otra de Peter Sinclair; y además, tenía cinco meses de embarazo; y como si fuera poco, yo acababa de estrenar en la ciudad de Concepción “Población Esperanza”; escrita junto a Manuel Rojas y dirigida por Pedro de la Barra; obra que después tendría mucho éxito en Argentina; entonces, por todo lo que le he dicho, yo no tenía ganas de escribir en esos momentos una nueva obra. Fue entonces cuando “Pancho” Flores me dice: “Yo escribo todas las canciones de nuevo; y tú haces la historia. Nos vamos a ganar dos millones, que es lo que ganó “La señora Trini”, refiriéndose a una anterior comedia, donde Carmen Barros hace la música y Tito Haydeman hizo el libreto y que gustó mucho a la gente. Por ello mismo querían crear otra, eligiéndome para esto. Dittborn, sabiendo que el que había dirigido mis obras era Eugenio Guzmán, ambos de la Universidad de Chile, pensó que me iban a tentar…”
Y así fue.
“En resumen, lo acepté, por plata; creyendo que iba a ganar en verdad esos dos millones.”
“ME DEMORE MUCHO EN ESCRIBIRLA”.
Háblenos de cómo y cuando comienza a escribirla.
“Me demoré mucho en escribirla, por que simplemente, no tenía ganas de hacerlo, debido a mi embarazo…”
Pero de todas maneras, lo hizo.
“Sí, pero sin ganas. Incluso, cuando nació mi hija, yo le estaba dando pecho y me la sacaban para pasarme la máquina de escribir. A mí siempre me han encantado los niños, gozaba con ella; jugaba; le estaba haciendo el ajuar y me la volvían a sacar; demorándome cerca de un año en terminar la obra.
Sin Eugenio Guzmán jamás hubiere podido escribirla, por que después de escribir algo, iba cada semana a su casa, ahí él me decía: “No, esto no! Tiene que ser un final alegre”. Sugiriéndome como debía hacerlo. Por eso lo ambienté en el año 1929, para ello, me documenté en la Municipalidad, ya que después de las protestas de las pergoleras, obtienen una extraña prorroga, ya que sólo 15 años después, las echan de ese lugar.”
¿Quedó conforme al terminarla?
“Es que parecía que no terminaba nunca. Fíjese que donde realmente pude corregir la obra, darle más fuerza, fue recién en los ensayos; ya que afortunadamente, tenía excelentes actores, por ejemplo: Ana González; Silvia Piñeiro; Justo Ugarte; Eliana Moreno; por nombrar algunos.
Yo sabía para quien escribía, eso me ayudó mucho en la creación de los personajes. Por ejemplo, Eugenio Guzmán me dijo que el “Evaristo Valenzuela” lo iba hacer Fernando Colina, un hombre comiquísimo: “Fíjate Isidora que en una fiesta de disfraces, el flaco Colina llegó vestido de angelito y provocó una tremenda risotada ¿Por qué no lo pones de angelito?” Ahí se me ocurrió que él se equivocaba y llegaba a la kermés disfrazado”.
¿Qué quiso mostrar con “La pérgola de las flores”.
“Lo que quise fue escribir lo que me habían mandado a escribir, o sea, la historia de “La pérgola delas flores”; después, el público vio lo que yo escribí. Le doy vuelta la pregunta, o sea, escribí lo que recogí. Eugenio Dittborn, director del teatro de ensayo, me decía que yo había recogido como con una espumadera de cocina, algo que se había perdido, la sociedad de esos años; y tenía razón, por que hay una campesina; unas vendedoras; está la clase alta; los políticos; todo como una especie de franja de clases sociales inmersos en una época que era muy especial; entre las dos guerras, imagen que se perdió pero quedó para siempre en esta obra; por eso gusta tanto, por que la gente se reconoce en esos personajes.”
NACEN LOS PERSONAJES.
¿De nuevo salió a la calle para poder rescatar realmente a sus futuros personajes?
“Así es. Iba a hablar con la presidenta de la pérgola; con las mujeres que vendían en la vega; con los peluqueros; me leí todo lo que se había escrito en las revistas Zig-Zag del año 29.
Iba a la vega y trataba de escuchar a una viejitas que eran como reinas, conversando con las del puesto de al lado junto a un brasero; y me echaron cuando les dije que estaba esperando a una amiga. Ese mismo dialogo lo puse en la obra; en “Helena Moreno”, cuando le dice al regidor que se quite, por que ella está esperando a una amiga y le perjudica las ventas, exactamente lo que me pasó a mí. Después, yo tenía una tía que teníamos en común, casas comunicadas por dentro, con mis abuelos; y yo iba a las fiestas que organizaba mi tía, oyendo como hablaban las de alta sociedad, con sus “cachitos pa´l cielo”; “picho caluga”; todas esas cosas que dice la “Carmelita”, son las cosas que hablaba mi tía; además, de las revistas saque que veraneaban en Zapallar.”
¿Por qué la “Carmela” tenía que venir desde San Rosendo?
“La primera obra que me dieron en Santiago, en tres actos, fue “Las tres pascualas”, en el teatro experimental, octubre de 1957. En ese mismo año, con mi hijo Peter de un mes de vida y mi segundo marido, inglés, viajo a la ciudad de Concepción , en tren cama, para ver la obra “Dos más dos, son cinco”. Al pasar por San Rosendo, tuve una imagen muy especial; por que habían unas huasitas en la estación; gente con canastos; algo así como el limite entre el campo y la ciudad; esta es la razón del porqué sitúo a “Carmela” en ese lugar. Además, yo conocía a una huasita que me cuidaba; cuando iba a una chacra que me había regalado mi papá, después de recién casada; donde viví cerca de cinco años, teniendo allí mis dos hijas. Esta huasita, que después cuidó a mis dos niñas, tenía el pelo corto, y un día me dijo: “Yo no me atrevo a volver donde mi taita, por que me corté las trenzas”. Eso me dio la idea de que “La Carmelita” le cosiera las trenzas a su chupalla.
Todas las cosas que yo puse en “La pérgola de las flores”, tiene una raíz con la realidad”.
Usted trabajó con dos grandes actrices, me refiero a Silvia Piñeiro y Ana González; cuéntenos algo de ellas, por favor.
“A Ana González la conocía de antes de la obra, ya que se había casado con un amigo mío, “Pepe” Stefania.
Un día, los invito a almorzar a la chacra donde yo vivía, sabiendo allí, que además de “La Desideria”, ella era una excelente actriz dramática, la que luego probó en muchas obras. Al darme cuenta de esto, ya en pleno ensayo, agrego la gran dama, la que no existía en esos momentos en los libretos; pidiéndole a “Pancho” Flores que le hiciera la música a esa escena de la peluquería; la canción de la gran dama, para que se luciera Anita como actriz cómica; es más, a una semana del estreno, le creo un parlamento donde dice: “Llegamos aquí con puros canastos. Usted me va a escuchar…” Arreglándome mucho más la obra. Esto coincide con una muy buena regla dramática que dice, que debe haber un momento dramático, justo antes de la explosión alegre.
En cuanto a Silvia, ella tenía una manera de actuar que me recordaba a una tía que yo tenía, la Sofía Izquerdo Hunneus, una mujer muy especial; retratándola en “Doña Laura Larraín”, hecho por Silvia Piñiero. Tan bien salió todo esto, que mi tía, cada vez que se reestrenaba la obra, iba a verla, siempre sentada en primera fila”.
¿Con cual de todos sus personajes se siente identificada Isidora Aguirre?
“En esta obra, me identifico con la “Rosaura”, aunque siempre me he identificado con los personajes en todas las obras que he escrito; con Almagro, o con Manuel Rodríguez, por ejemplo. En “Los papeleros”, escribí un personaje llamado “La guatona Romilio” que es la que lleva el pandero en las protestas; lo que pasa es que yo me meto en los personajes con mucha fuerza, me transformo; en “Las tres pascualas”, me convertí en las tres mujeres; muy diferente a las novelas que he escrito, ya que las he hecho en primera persona, como un desahogo”.
¿Cómo fue su relación con Francisco Flores del Campo?
“De partida, nunca me gustó “Las tonadas de medianoche”, un agregado que no correspondía en la obra; pero que Eugenio me dijo que “Pancho” se moría si no ponía esa canción, por ello inventé un cuadro para este tema.
Neruda, cuando vio la obra, me felicitó muchísimo, diciéndome: “…Pero me sobró ese cuadro de “Las tonadas de medianoche”. Así es que en algo tenía razón”…
¿Pero en cuanto a su relación personal con don “Pancho”?
“Mi relación con Francisco Flores del Campo no fue muy buena, por que él tenía mucho celo, diciendo siempre: “Mi Pérgola”, como que él la había escrito. En cambio, hoy tengo muy buenas relaciones con su sobrina, Perla Aguirre, quien cobra sus derechos. Creo que no me quería para nada, ni a mí ni a Eugenio Guzmán”.
ESTRENO DE “LA PERGOLA”.
¿Qué recuerda del momento del estreno?
“El pre-estreno fue más bonito que el mismo estreno, por que ese día, la gente que estaba en el teatro “Camilo Henríquez”, eran todas las que trabajaban en la pérgola; todas sus mujeres. Yo era muy amiga de Berta, la presidenta de las pergoleras, así es que ese día me acerqué y les dije: “No se preocupen, yo inventé una historia, es sólo ficción, no tiene nada que ver con la realidad”. Pero resulta que en plena obra, cuando los actores gritaban ¡Viva la pérgola! Todo el teatro se paraba para gritar lo mismo; un fenómeno muy curioso por que en ese momento, se borró la diferencia entre el escenario y el público. Recuerdo que a la salida, les hicieron entrevistas para periódicos donde ellas dicen: “Nos habían dicho que era ficción, pero no, somos nosotras las que estábamos allá arriba”.
¿Es este tipo de manifestaciones la que más le reconforta?
“Sin lugar a dudas. La satisfacción más grande que he tenido no son los premios ni los aplausos, sino, ver la reacción del público al ver mis personajes; por ejemplo, en “Retablo de Yumbel”, sobre los detenidos-desaparecidos, estaban ahí presentes, todos los familiares de los catorce desaparecidos que nombro en la obra. Cuando estrené “Los papeleros”, en plena función, subió al escenario una papelera para decir: “Por fin están escribiendo una obra sobre nosotros ¿Porqué no hay más gente aquí”. Cuando dieron “Lautaro”, no se imagina usted como respondieron los mapuches al verse retratados en la obra. En “Manuel Rodríguez”, obra con público de poblaciones, muy popular; en un improvisado escenario levantado en Quilicura para un festival popular; la gente se me acercaba con sus niños para pedirme autógrafos, por que habían quedado fascinados con la obra. En la misma “Pérgola de las flores”, cuando se da en la plaza de armas de Santiago, la vieron cinco mil personas; una gran convocatoria, quedando mucha gente afuera, sin verla; y los que la vieron, felices por verla como dicen ellos “En persona”, y además gratis.
La acogida del pueblo siempre ha sido la misma, tanto con mis obras como con mi persona; como me acogieron los mapuches en la ruca; los papeleros en sus basurales, con que cariño me recibían; esto es mucho más importante que los aplausos, simplemente por que les escribo a ellos”.
¿Fue a la gira internacional realizada por Europa, luego del estreno de “La Pérgola de las flores” en Chile?
“No, no me invitaron. No fui a España, donde tuvo mucho éxito esta obra, diciendo allá que yo les renovaba el “género chico”, o sea, la zarzuela; claro que “La pérgola…” no es ni zarzuela ni comedia musical norteamericana, lo mío es simplemente una comedia con música.
Tanto ha sido el éxito, que incluso se ha dado una pérgola “cholita” en Bolivia; claro que no pude ir a su estreno por que justo en ese momento, se habían roto las relaciones entre Bolivia y Chile. Cuando se dio en Cuba, gustó mucho en la sierra maestra, en Topes de Collantes; para un público de cinco mil estudiantes, los que me cantaron una canción con mi nombre. Al finalizar, me pidieron que hablara sobre la obra, pero resulta que había mucha humedad en esa altura, así es que me la saqué diciendo: “Aquí hay mucha competencia con la oratoria, así es que no voy a hacer un discurso como Fidel Castro”.
¿Cuál de todas las puestas en escena, es la que más le ha gustado y porqué?
“Ninguna otra puesta en escena se puede comparar con la maravilla que hizo Eugenio Guzmán con ese elenco maravilloso, el primero de todas las pérgolas”.
SU RELACION CON LA DICTADURA.
Esta obra ha sido un verdadero símbolo nacional, entendiendo esto, ¿Cómo fue su relación, como dramaturga, con la dictadura de Pinochet?
“A pesar de que me echaron del teatro por 16 años, gracias a “La pérgola de las flores”, nunca me tocaron; sabiendo que yo era de izquierda y que tenía algunos “pecaditos” por ahí; por que en esta casa, asilé a gente importante; por ejemplo, la Gladys (Marín, Secretaria General del Partido Comunista chileno) se asiló con mi ropa; Orlando Millas, de la Julieta Campusano; o sea, tenía pecados clandestinos como para que me metieran en la cárcel…”
¿Recuerda algún momento de tensión vivido por usted en aquellos años?
“En el año 1974 iba a salir del país, ya que quería ir donde una amiga que vivía en Ecuador, para tomar aire; entonces, al momento de ir a renovar mi pasaporte, uno de la policía política de esos momentos, me lleva a un interrogatorio…”
¿Qué pasó entonces?
“Le inventé todo un cuento; que tenía apellido de familia acomodada, de la alta burguesía, como dicen ahora…yo hablaba y el escribía; y fíjese usted que la que me salvó, fue precisamente “La pérgola de las flores”.
Explíquese, por favor, señora Isidora.
“Lo que pasa, es que yo estaba desde antes fichada con estos señores; había sido invitada no sé cuantas veces a Cuba por “La casa de las Américas”; y el policía me decía: “¡Usted es de la Unidad Popular!” y yo le contestaba: “¡Sí! Y por amor a mi pueblo he escrito obras de contenido social”. Después me dice: “Aquí dice “Filocomunista”; y le contesto: “Pero creo que eso no es tan terrible, lo peor es ser del MIR”, me hacía la tonta; ahí el tipo escribe, “Yo, Isidora Aguirre, tengo simpatía por el Partido Comunista”; de pronto, abre un cajón y me dice: “Señora Isidora, usted tiene que poner que pertenece al directorio del Instituto chileno-cubano”; ahí le digo a este tipo, con cara de sorpresa “¿Estoy fichada por eso? Ahí se para de su silla y me dice: “Señora Isidora, usted no está fichada, todo Chile se saca el sombrero ante la autora de “La pérgola de las flores”; dándome un pasaporte especial, con el cual nunca tuve problemas. Siendo comunista, viajé por muchas partes, a Europa, a la misma Unión Soviética, por ejemplo; claro que me echaron del teatro, tomando las riendas Fernando Dehesa, quien me deja afuera…en mi propio país”.
UNA MUJER REVOLUCIONARIA.
En esos difíciles años para el pueblo de Chile, usted siguió alzando la voz a través de su atrevida pluma; al escribir “Lautaro”; y “Retablo de Yumbel”.
¿Es Isidora Aguirre, una mujer revolucionaria?
“Podría ser, por que, por ejemplo, luché mucho por Salvador Allende; de hecho, hacía teatro en las poblaciones, precisamente, a pedido de él”.
¿Cómo fue aquella experiencia?
“Preciosa. Es que Allende era un Presidente muy sui generis; por ejemplo. Cuando vio mi obra “Los que van quedando en el camino”, me invitó a su casa, recibiéndome personalmente en la puerta de su hogar; diciéndome: “Como político, te doy las gracias por esa obra”; invitándonos junto a Eugenio Guzmán, a almorzar; ahí sacaba cuentas en todo momento, para saber cuanto le costaría llevar en su gira de candidato presidencial, mi obra; claro que no se pudo hacer…”
¿Porqué razón?
“Por que ya la estaban dando en el teatro “Antonio Varas”, así es que no podía salir la obra de allí. Como no resultó su idea, le propuse dar obras cortas por las poblaciones; haciéndole propaganda, pero en forma teatral; con obras basadas en sus “Cuarenta medidas”; así llegamos, por ejemplo, al norte de Chile, en una gira fantástica, donde fuimos hasta las salitreras; una muy bonita experiencia”.
¿De que cosas nunca escribiría?
“No tengo fobia en contra de ninguna profesión”.
¿Se arrepiente de algo?
“Sí, de que uno no pueda recuperar todo el pasado tan rico que ha tenido; hecho de menos mi niñez”.
¿Se siente una cronista de su época?
“Sí. Fíjese que he escrito tantas obras históricas; crónicas, como “Lautaro”; “Los que van quedando en el camino”; “Retablo de Yumbel”; “Diálogos de fin de siglo”; historias como “Manuel Rodríguez”; “Diego de Almagro”; etc. Dicen que los historiadores no retratan tan bien los hechos como los escritores, por que uno da mas detalles de la vida cotidiana”.
Hábleme de la obra “Manuel Rodríguez”.
“Me la financio Carlos Cardoen, dueño del museo de Santa Cruz”…
¿Cómo nace esta unión?
“El se declaraba admirador de una de mis obras, “La Pérgola de las flores”; nos vimos, me mostro el museo y mientras conversábamos, supo que yo había escrito una obra sobre Manuel Rodríguez; de descendencia colchagüina, como el; así es que encantado puso la plata, luego de conseguirse el dinero con los hacendados del lugar”.
¿Qué muestra en esta obra?
“En esta obra, muestro la vida cotidiana de Manuel Rodríguez. ¿Cómo lo sé? Por que me convierto en el personaje; como en todas mis obras, con mucha investigación; soy Manuel Rodríguez, imaginándome como hablaba, como se movía, etc.”
¿Qué me puede decir de “Lautaro”? ¿Cómo nace la idea de escribir esta obra?
“Los mapuches me nombraron casi machi y todo por que había escrito sobre ellos, gracias a una obra pedida por un grupo de dirigentes mapuches; mientras yo hacia clases de teatro a la gente de Ranquil.
Recuerdo que mientras estaba escribiendo el libreto para una obra musical que ellos iban a dar (una vez, hasta me allanaron los militares; a mi y a Luis Sepúlveda, ya que la íbamos a dirigir juntos), estaba junto a mi un guitarrista y dirigente mapuche llamado Sergio Painemál; quien me dice que porque no escribía acerca de su etnia, de su pueblo, para que los apoyara en su lucha; ya que Pinochet iba a dictar una ley que los perjudicaba mucho. “Pero yo no se mucho de los mapuches”, le dije; “¡Ah! Entonces, se va a vivir con mis padres”; mandándome con una carta-recomendación, donde decía que me trataran muy bien; al igual que un mapuche mas. Ahí recién aprendí a lechar una vaca; a plantar un árbol; me llevaron a caballo a otra ruca, donde estaba la otra esposa del dueño de casa…con esa confianza. Allí, en terreno, aprendí muchos mas datos sobre Lautaro, que de los mismos libros; regalándome esa piedra de una machi que esta allí, sobre mi estufa”.
¿Recuerda algo del día del estreno?
“Hay una anécdota muy linda, porque cuando el director Pavez, da esta obra (fue para “San Juan”, un 24 de junio de 1982), contaba con actores mapuches y no mapuches. Recuerdo que a Lautaro, lo personificaba un obrero muy jovencito, quien siempre llegaba bastante cansado desde la construcción donde trabajaba. En un escenario muy bonito y, en el momento preciso que Pedro de Valdivia le dice en la obra a Lautaro ¡Muere Lautaro! Este obrero debía caer, levantándose inmediatamente para hacer la despedida; la que a su vez, estaba basada en Allende. Pero resulta que al caer, este actor se duerme profundamente sobre el escenario; en ese momento, los demás actores no hallaban que hacer; tocando muy fuerte, abajo, el cultrún y la trutruca; mientras otro bailaba, pero no había caso con el despertar del actor; hasta que Pavez, el director de la obra, pasa por detrás y; como había un micrófono, hace que la despedida de Lautaro-su parlamento- se haga por este medio, gritándole al actor: ¡Levántate Lautaro! Ahí recién despertó este jovencito. Creo que esta es la primera vez en el mundo, que a un director de teatro se le duerme el actor principal en plena escena; un obrero de la construcción que espero desde las seis de la tarde –hora que se suponía que empezaba la obra- hasta las nueve de la noche, hora que realmente comenzó”.
Otra de sus osadas obras para tiempos de dictadura, fue “Retablo de Yumbel”; obra que denuncia el asesinato de 19 dirigentes campesinos en Lonquen, Isla de Maipo y Mulchen, a manos de agentes del estado chileno.
“Así es. “Retablo de Yumbel”, es una obra sobre los detenidos-desaparecidos”.
Supongo que tuvo problemas al momento del estreno.
“Recuerdo que al tercer día de cartelera, tuvimos que sacarla abruptamente…”
¿Por qué razón?
“Lo que pasa es que en la obra, yo le hacia una manda a San Sebastián; pidiéndole al Santo, que me sacara a Pinochet del camino para poderla dar…”
¿Pero que tiene de malo esto?
“Es que justo en el momento en que se estaba dando la obra-con esa tremenda rogativa- ocurre el atentado a Pinochet en el Cajón del Maipo”.
¿La ha vuelto a estrenar?
“Lamentablemente, esa obra no se ha vuelto a dar en Chile; pero si se ha dado en el extranjero…”
¿En que países, por ejemplo?
“Con esta obra obtuve un premio en Cuba, en “La Casa de las Américas”; siendo publicada y difundida al año siguiente…la dirigí en Canadá; después se dio en Suecia; también en California, EE.UU; siendo invitada a ver esa obra preciosa, en ingles”.
SU CARIÑO POR LOTA.
Volviendo a nuestra realidad, su historia demuestra un gran apego por esa sufrida tierra del sur llamada Lota; no podía faltar entonces, una obra para ellos.
“Usted se refiere a “Subiendo ultimo hombre”, obra encargada por Ximena Rodríguez, una mujer muy preocupada de todo lo que ocurre en Lota; una profesora; actriz y directora del teatro “El rostro” de Concepción.
Esta obra, la pude escribir gracias a una beca del Consejo del Libro”.
¿Qué quiso mostrar en ella?
“El dolor de toda esa gente sacrificada; el hambre; la cesantía que tuvo que vivir esa gente, luego de cerrar para siempre las minas del carbón. Precisamente, “Subiendo ultimo hombre”, era el tradicional grito que hacia el minero al terminar los turnos en el pique “El chiflón del Diablo”; desde ese extraño ascensor tipo jaula, que los llevaba al subterra y, que tuve oportunidad de conocer, junto a ex mineros; donde nos fotografiamos todos juntos, con esos cascos con lucecitas…muy hermoso todo”.
De nuevo investigo en terreno.
“Por supuesto. Estuve haciendo entrevistas, tanto a los ex mineros como a sus esposas, sobre la crisis; casi un documental acerca del cierre de la mina; pudiendo también, hacer talleres de cómo hacer teatro, en las ciudades de Lota; Coronel; Talcahuano y Concepción. Antes de esto, yo había escrito una cantata que nunca se llego a dar”…
¿Por qué?
“Porque la iba a hacer el conjunto “Quilapayun”, pero como vino el Golpe militar, quedamos cortados, al irse ellos al extranjero; hasta alcanzamos a ensayar juntos la parte musical. Gracias a esto, ya tenía bastante información de los tiempos que funcionaba la mina, porque también había ido a terreno por esos años, a conversar con sus familias. Afortunadamente, en “Lautaro”, pude contar con la colaboración musical de “Los Jaivas”.
Volvamos, por favor, a “Subiendo último hombre”.
“Hay una escena real en estos momentos, casi irónica-dramática allá en Lota; donde hay tres visitas al día, a la mina “Chiflón del Diablo”, llamándoles turismo-aventura, por el hecho de bajar casi 40 metros bajo tierra; recorriendo aprox. Una hora para saber in-situ, como era el trabajo de los mineros. Pero si incluso, hay hasta una maquina de bebidas en el lugar”.
Y en la obra ¿Qué se puede apreciar?
“La obra pasa entre tres actos. Empieza por este hombre que esta anunciando “El chiflón del Diablo”; dentro de esto, se ve, por ejemplo, gente que se suicido; un hombre que se corta las venas cuando anuncian, de un momento a otro, ni siquiera de un día para otro; que la mina se esta cerrando; gente que subió del turno de la mañana y, le dicen a los otros “¡No bajen! Por que se esta cerrando la mina”. Algo muy fuerte para todos, por que amaban la mina y, era su único sustento; todo muy traumático, incluso, al ofrecer oficios de peluqueros; garzones; pescadores y; ellos lo único que querían era bajar a la mina; suicidándose mujeres también. Cuento esto con ironía, pero también con drama, por lo que ha significado abandonar la fuente laboral; existiendo por estos días mucha pobreza; tanto, que dejaron abierto un pique, pensando en el futuro. Ojalá, por que podría ser un sustituto con el petróleo…siempre han tenido la esperanza de volver a ser mineros.
Quiero contarle algo hermoso que me ocurrió con ellos”…
Dígame.
“Existe una frase con la que empecé mi discurso de agradecimiento, el día que recibí el premio “Pablo Neruda”, dice lo siguiente: “Viva la Isidora Aguirre, cogollito de cedrón, cariñoso cariño les damos, los mineros del carbón”. Esto me lo cantaron en un bar pequeñito, después de saber que yo había escrito una obra sobre ellos; ubicado donde esta la feria de Lota, cuando tome un traguito con ellos, junto al profesor Moisés Vergara; quien conoce mucho a los mineros, presentándome y contándole que yo era quien había escrito esa obra…ellos sabían que yo había escrito “La pérgola de las flores”; si hasta me nombraron “Reina de los mineros”.
ISABEL ALLENDE Y “LA CASA DE LOS ESPÍRITUS”.
Tengo entendido que usted escribió algo similar a “La casa de los espíritus” de Isabel Allende. Cuéntenos de aquello, por favor.
“El verdadero libro de “La casa de los espíritus”, es el mío, llamado: “Doy por vivido todo lo soñado”; porque ahí cuento todas las sesiones de espiritismos que presencié”…
Le escucho.
“Es que yo era la que anotaba todo en esas sesiones, cuando la mesa hablaba”…
No entiendo.
“Lo que pasa es que la abuela de Isabel Allende, la “Chabela” Barros, a quien yo adoraba; iba a mi casa a menudo a hacer espiritismo, ya que era intima amiga de mi madre; junto a Ximena y Carmen Morla; así es que “La casa de los espíritus” era mi casa. Recuerdo que cuando murió la abuela de Isabel Allende, ella nació; yo tenía a mi hija mayor, de un año y; la Francisca Iona, mi gran amiga y madre de Isabel; tenía a la ahora famosa Isabel, de un año de edad”.
Cuénteme acerca de este libro suyo.
“Curiosamente, cuando envió “Doy por vivido todo lo soñado”, a una editorial del Estado, me la rechazaron por ser de izquierda; pero un amigo, Luis Parot, la llevo a España y; una persona amiga de el, a quien yo no conozco, la envió a Barcelona y, fue a dar a “Plaza y Jane”; pasando por un tubo; saliendo el mismo año y con la misma portada que la de “La casa de los espíritus”, de Isabel Allende; una gran coincidencia, ambas nos editamos nuestras primeras novelas el mismo año; con la diferencia que en la mía, cuento algunas sesiones de espiritismos”.
¿Podría relatarnos algunas de esas sesiones?
“Recuerdo que una vez, cuando yo tenía 15 años, mi mamá invocó a Isidora Zegers, en la casa de los Morla, ubicada en Zapallar; preguntándole que iba a ser de mí, ya que para mi familia, yo era una gran incógnita todavía”…
¿Por qué una gran incógnita?
Porque en esos momentos, yo dibujaba; bailaba; tocaba piano; escribía cuentos; a pesar de que por esos días, yo quería ser bailarina, teniendo clases de danza moderna con Andrés Hass, en el sistema Across”…
Volvamos a la sesión de espiritismo.
“Entonces, mi mama le preguntaba a Isidora Zegers: “¿Va a ser bailarina?”, y la mesa como que crujía. ¡Ah! Como diciendo algo, mas o menos. Después, mi mama preguntaba: “¿Va a hacer música?” ¡Ah! ¿Dibujante? ¡Ah! ¿Pintora? ¡Ah! Entonces, mi mama desesperada, le pregunto: “¿Va a ser escritora? Y vemos como empieza a levantarse la mesa, cayendo de un tremendo golpe. No se como son esas cosas, pero Isidora Zegers dijo que yo iba a ser escritora…por ese tiempo, no pensaba serlo”.
EL TEATRO ACTUAL.
¿Va al teatro, por estos días?
“Acabo de ir a ver una obra llamada “Copenhague”, invitada por Delfina Guzmán; pero en general, no asisto a esas obras encasilladas en el post-modernismo”…
¿Por qué razón?
“Simplemente, porque no las entiendo. La gran falla que existe en muchos autores nuevos, es que no hay ningún personaje que realmente sea atractivo y; eso, para mi, es una falta, que a uno le de lo mismo lo que pase en escena. En cambio, en mis obras, siempre los personajes tienen un interés extra. Les importa, por ejemplo, saber que le va a pasar a la “Carmencita”; que le va a pasar a “Manuel Rodríguez”; etc. Entonces, naturalmente, hay obras donde encontramos mucho espectáculo; no trabajándose tanto la emoción, me gustan las obras donde las ideas se transmiten emocionalmente. Por ello no he visto mucho teatro, ahora ultimo”.
¿Cuál diría que es o ha sido la mejor obra del siglo?
“La que vi hace tiempo atrás, aquí en Chile, fue una obra llamada “Circulo de Tiza Caucasiano”, de Brecht; montada por la “Mane” González, siendo su Director Atahualpa del Choco, cubano; a quien conocí cuando fui dos veces jurado de teatro en La Habana”.
¿En cuanto a Directores?
“Shakespeare, que es mi papá; Chesfu y; Arthur Miller; han sido los tres directores que me han influenciado; lo cual no quiere decir que Llunesco, a quien conocí personalmente, siendo amigos, no me encantó. ¿Por qué Shakespeare? Porque hace un teatro popular; por ejemplo, hice una versión de “Ricardo III”; también una de “Romeo y Julieta”, aunque esta no se pudo dar, ya que a Pablo Neruda se le pidió que la hiciera en versos. Al hacer la traducción de “Romeo y Julieta” aprendí mucho, porque con Shakespeare descubrí un lenguaje nuestro clásico, chileno; sin españolismos ni chilenismos pero a su vez, poético y culto; algo formidable porque esta obra se puede dar en el Municipal, donde la gente va a gozar con el genio de Shakespeare, con su espíritu poético; o en una población, donde se van a entretener muchísimo con mi argumento. Esto mismo pasa con “La Pérgola de las flores”, obra que le gusta tanto a la gente analfabeta, como también a la gente cultivada”.
“SOY MAS UNIVERSAL QUE CHILENA”.
¿Cuántas obras, en total, ha escrito?
“Nunca las he contado, pero deben llegar a los cuarenta; estrenando muy seguido hace cincuenta años”.
¿Cuál ha sido su mayor alegría?
“Sin duda, el nacimiento de mis hijos”.
Y ¿Su mayor tristeza?
“No sé…ninguna que sea más que otra. Existen muchas que me han dolido, pero en estos momentos no me acuerdo; no se, tendría que pensar en mí biografía y eso sí que es una lata. Lo que pasa es que cuando hay algo adverso, uno siempre tiene que verlo con optimismo; esa siempre ha sido mi postura en la vida, transformar en lo posible, lo malo en bueno”…
¿Pero más de un dolor desgarrador habrá vivido y que no se pueda transformar o cambiar?
“En la Dictadura mataron a muchos amigos; una sobrina mía fue muy torturada; sin embargo. ¿Qué hice yo? Ayudé, asilando gente en mi casa, haciendo enlace con gente muy buscada en este país. No obstante a aquello, en esa época terrible hubieron gestos bellísimos, de solidaridad, de amistad; gestos que se perdieron cuando empieza la Democracia”.
¿Cómo le hubiere gustado ser?
Sonríe y luego responde. “Me gustaría ser alta; misteriosa y; callada”.
¿Cuál es la mejor frase que ha escuchado en su honor y que le ha encantado y, porque?
“He viajado mucho por Latinoamérica y, recuerdo que cuando me encontraba el Lima, para trabajar con un grupo de teatro peruano, en el programa me presentaron: “Estando aquí, la Doctora latinoamericana Isidora Aguirre”; y tienen razón, porque yo puedo ser más que chilena. Desde que los conquistadores nos dejaron tal cosa; desde que los mapuches nos dejaron tal cosa, Latinoamérica ha llegado ser el nuevo mundo, algo muy importante. Hemos tenido que luchar contra Dictadores, contra corruptos, pero somos gente muy interesante; por todo esto, considero que soy mas universal”.
De lo tanto que ha escrito. ¿Cuándo tendremos su propia biografía, sus memorias?
“Mientras me encontraba dando una conferencia, un señor de la Universidad de Talca se me acercó, pidiéndome por favor, que yo le concediera la oportunidad de escribir mi biografía; “Ni por nada”, le dije, porque mi vida podría espantar a mucha gente; dos matrimonios; cuatro hijos; ocho nietos; once bisnietos; entonces, no puedo contar, por ejemplo, acerca de mis amores, que han sido muchos…solo me interesa mi parte teatral. Además, he escrito muchas novelas, por ejemplo, “Doy por vivido todo lo soñado”; “Carta a Roque Dalton”; “Santiago de diciembre a diciembre”; en esas tres novelas, hay gran parte de mi vida; hay mucho mío ahí, no es necesario que escriba en primera persona; también tengo diarios; una cantidad enorme de correspondencia; de mails; material en que realmente se puede retratar mi vida entera, pero cuando yo me muera”.
¿Cómo debemos recordarla?
“No me gusta esa pregunta, no me hable de cosas fúnebres”…
¿Le teme a la muerte?
“No le temo, estoy cerca de la muerte, lo sé; no voy a vivir 100 años, pero no me gusta hablar de este tema, ya que mis hijos tiene tanto miedo de que me muera; lo único que quiero es no morirme de enfermedad; de buena salud ¡Pa! Y punto, ojalá en el sueño”.
¿Alguna frase para el bronce?
“Yo no mando mensajes directos, pero todas mis obras son mensajes…allí esta todo; así es que a toda esa gente que no me conoce, les digo que vayan al teatro, que no sean incultos”.
Julio Fernando San Martín.
Editor periodístico.
Foto. gentileza de Universidad de Chile. Facultad de Artes.
[...] gestos que se perdieron cuando empieza la Democracia”. Isidora Aguirre, entrevistada por Julio Fernando San Martín Cineteca Universidad de Chile lamenta el fallecimiento de la dramaturga y ex profesora de [...]
Hay varios errores en este artículo sobre nombre de personas ligadas al teatro…
Atahualpa del Cioppo (no del Choco) es un director de teatro uruguayo (no cubano), que dirigió el famoso Teatro El Galpón de Montevideo. También dirigió un tiempo el Teatro de la Universidad de Concepción, Chile.
En otro acápite Isidora menciona a Tito Heiremanns, dramaturgo chileno también cuyo nombre de pila es Luis Aberto. En el artículo le asigan el apellido Haydeman.
Me imagino que la mencionada Mané González, es la desaparecida actriz Marés González…
Aparece el nombre Llunesco(?) que entiendo puede ser Ionesco, el rumano francés, autor con el que Isidora compartió experiencias.
“El Retablo de Yumbel” cuenta la historia de los detenidos y ejecutados de Laja y San Rosendo, no de Lonquén, Isla de Maipo y Mulchén como expresa la entrevista.
[Responder]
A poor man is all schemes. – Spanish Proverb
[Responder]
Stackable boxes really are a must when moving house, irrespective of self-drive van hire or removal company lorry. Sturdy green, recyclable boxes that may be reused repeatedly are the most useful choice for frequent house moves and for long-term storage – regardless of where the home move takes place. There’s nothing more frustrating than having to reload many times, because the awkward manner in which things are packed prevent a fully loaded van making one tour and something tour only.
[Responder]
Basic hues similar to dark-colored discount uggs canada But
[Responder]
We are a group of volunteers and starting a brand new scheme in our community. Your site offered us with valuable info to work on. You have done a formidable job and our entire neighborhood will be thankful to you.
[Responder]
I think this site has very excellent pent content material articles.
[Responder]
However, for the, you wonrrrt remain interior key positions. For that reason, it is best to invest time to learn how to engage in almost every state,
[Responder]
I don’t ordinarily comment but I gotta state thanks for the post on this great one : D.
[Responder]
Arabic Proverb~ All sunshine makes a desert.
[Responder]
He that has no head, need no hat. – German Proverb
[Responder]
Francis Bacon~ Never exaggerate your faults. Your friends will attend to that.
[Responder]
Hey! Is it OK that I go a bit off topic?
[Responder]
When i added this short article and also distributed the connection on your web page at all kinds of other inter web sites. I believe until this important details must not be forgotten about. Can someone execute a repost with this write-up? I most certainly will supply a web page link time for the main articles certainly.
[Responder]
Many people have an understanding of UGG shoes or boots uggs discount young ladies obvious in unfounded; to get exact to convey
[Responder]
right here, unquestionably like what you’re saying and the best way in which you say it. You make it entertaining and you still have care of to keep it
[Responder]
Unusual this post is totaly unrelated to what I used to be searching google for, but it used to be indexed on the first page. I assume your doing one thing
[Responder]
Good write-up, I am normal visitor of one’s website, maintain up the excellent operate, and It’s going to be a regular visitor for a lengthy time. “He who seizes the right moment is the right man.” by Johann von Goethe.
[Responder]