MARGOT LOYOLA PALACIOS,PREMIO NACIONAL DE ARTE 1994: Vivo el 18 todos los dias del año”.

Escrito por • en 8 enero, 2010 • Categoría: Cultura, El Mundo, Sociedad

…Me encantó el premio a la trayectoria, creo que la Asociación de Periodistas de Espectáculos (APES), a la que pertenezco, tenía una deuda con Margot Loyola. Gracias a Dios que nos ha permitido reconocerla a tiempo cuando todavía ella está trabajando, cuando está con mucho ánimo, creo que bailó una cueca preciosa. A mí me emociona mucho lo que hace Margot, en su trabajo de recopilación, en lo que ella ha proyectado como ser humano en todo lo que significa que una mujer a esa edad te diga: “Mira, no me quiero morir Ítalo, porque tengo muchos proyectos, estoy haciendo clases en esta Universidad, quiero hacer esto y lo otro, mostrar quince cuecas distintas, etc., lo encuentro admirable”.
(Ítalo Passalaqua, crítico de arte y espectáculos).
Premiación APES 1999.
Mientras aguardo que la maestra con mayor actividad docente, de investigación y difusión de nuestro folklore, nos reciba en su casa ubicada en algún lugar de Santiago, observo con agrado a la entrada de esta, un muy bien cuidado jardín. De pronto, una señora con su pelo tomado, lentes ópticos y un delantal de cocina floreado sobre unas oscuras ropas, nos saluda invitándonos a pasar a su interior. Ahí está, cara a cara, recibiéndome en su antejardín, vestida con ropas oscuras las que hacen resaltar aún más su blanca piel, a no ser por ese delantal floreado; una larga y bien cuidada cabellera azabache adornada por las cenizas del tiempo, todo muy bien tomado en cola de caballo, custodiada con un gran rosón rojo de afirmadero contra las tretas del viento; pequeños y hermosos ojos ,levemente verdes, y muy bien escondidos tras sus lentes ópticos, otean sigilosamente al visitante de turno, quien aprecia con claridad esos inconfundibles aros de plata de origen mapuche danzando con su historia, mientras lo invita a pasar a su dulce morada. Es Margot Loyola Palacios, la folklorista más sobresaliente en su campo en el ámbito nacional, y de reconocido prestigio en el ámbito internacional. “¡Hola! Pase mijito, estoy atendiendo a unas alumnas pero termino luego” -nos dice con amabilidad- y luego pregunta “¿Le sirvo un café?” Mientras paso al living, mi primera impresión es que estoy entrando a un pequeño rincón campesino, su estilo, su modestia, sus adornos, su aroma, así lo dicen.
Ya dentro, me encuentro de golpe y porrazo con una verdadera galería de trofeos, “Todo lo que ve aquí son puros regalos”-esboza con orgullo y luego acota- “Este piano era de mis abuelos maternos”, refiriéndose a ese pretérito instrumento de origen alemán, que entre su lomo cobija fotos de sus padres, y a dos damas antiguas hechas de crin, artesanía típica de su tierra natal, entre otras cosas.
Gentil, sonriente, ya nos trae ese humeante café antes de comenzar la entrevista, toda una bendición a eso de las 20:00 hrs. de una despejada pero gélida tarde capitalina. Ya en la cocina, un trinar de pájaros se confunde con el canto y guitarreo de dos de sus alumnas; unas empanadas en el horno aún caliente; la trenza de ajos al costado de los condimentos adornando la pared; su ¡Eso mi’hijita!, alentando el canto de una de sus pupilas; su modestia, en definitiva, su ambiente, en verdad, nos transporta mágicamente al mismísimo campo chileno, entre uno que otro pan amasado.
Minutos antes, y mientras esperaba dicho café, observo algunos de los premios y distinciones obsequiadas en estos 60 años de vida artística Premio Nacional de Arte (1994); Hija Ilustre de Linares (1975); Hija Ilustre de Valparaíso (1991); Guitarra de Oro, otorgada por el Instituto de Investigaciones Musicales de Chile; Premio APES (1990), como la mejor intérprete en su género; Laurel de Oro (1991); Críticos de Arte (1991), Mención Danza. “Son tantos mijito, más de ciento sesenta”, nos dice con orgullo al sorprendernos, la otrora amiga de Violeta Parra.
Claro está que su vasta labor es imposible expresarla en un breve resumen, por ello sólo diremos que es la Directora del Consejo Latinoamericano de la Danza Tradicional; Directora Honoraria de Cefol (Centro de Estudios del Folklore); que es profesora titular de folklore y etnomúsica en la Escuela de música de la Universidad Católica de Valparaíso desde 1970. Con giras artísticas en Argentina, Uruguay, Perú, Ecuador, Brasil, EE.UU., Francia, España, Unión Soviética, Polonia, Rumania y Checoslovaquia. Con actuaciones en Radios, teatros, televisión. Tiene infinidades de publicaciones como “Bailes de Tierra” (1980 Ediciones. Universitarias); que consta con más de una docena de casetes en Chile, Compact disc, con 13 Long Play en nuestro país, uno en Rusia, uno en Rumania, dos en Francia y dos en España, ganándose un sitial de honor en la historia de nuestra música. Pero ahí está, sentada frente a nosotros (con delantal incluido) para comenzar la entrevista, es que ella es así, especial, cariñosa, alegre, auténtica y muy, pero muy chilena.
Luego de despedir a sus alumnas en el umbral de la puerta, esta laureada folclorista, se sienta a la diestra de su esposo para iniciar lo acordado: “Diga no más mi’hijito, pero primero tómese el café y cómase el pancito”.
Por favor estimados lectores… Doña Margot tiene la palabra:

“SU NIÑEZ”
“Hace muchos años que nací en Linares y el tiempo no a pasado para mí, si hasta parece que fue ayer cuando nací. Es tan corta la vida, sólo cien años cuando mucho, y yo amo la vida, amo mis caminos, y estos caminos fueron los primeros que recorrí en mi vida. Cada vez que voy, me sorprendo como si fuera la primera vez que los estoy recorriendo, porque los amo profundamente, con alegría pero también con tristeza, con una profunda nostalgia porque antes los recorría corriendo, y ahora lo hago a paso lento. Claro que antes, los sentía tal vez menos, porque uno es como parte de ese paisaje, y a veces, esos paisajes que uno tiene a diario alrededor suyo no los ve, no los siente, porque uno es parte de eso también. Pero después que me fui, cada vez que vuelvo y vuelvo, me maravillo frente a este paisaje, porque a estos años siento más profundamente que antes, porque a una, con la madurez, las cosas les van doliendo más, porque uno llega al dolor de tanto amar, y yo amo profundamente mi tierra”.
Pero, ¿Qué tienen de diferentes estos paisajes que tanto la cautivan?
“Para mí, hombre y paisaje están íntimamente ligados. Por eso, lo que más recuerdo de mi adolescencia son sus paisajes, esos caminos, las montañas, los árboles, las flores, las estrellas, las carretas tristes; tengo el recuerdo de otro tipo de gente, como lo es la gente de campo, con otros sentires, con otros pensamientos, con otro mirar, con otro andar, con un no sé qué, como olvidar, también, a las viejitas tomando mate alrededor de un brasero”.
¿Cuándo nace en usted esa veta artística?
“Esto nace desde el vientre de la mamá, por lo tanto, yo nací cantando lo que oía alrededor. De chiquitita, siempre quise ser artista, jugaba a ser artista, no sabía qué pero bailaba, actuaba, cantaba, tocaba guitarra, arpa, etc., escuchando a mi madre, la que entonaba en casa algunas cancioncitas con su propia guitarra, enseñándomelas después”.
¿Cómo eran esas tardes Señora Margot?
“Era una cosa impresionante, tanto en Rari como en Panimávida. En esa época, estamos hablando de 1928-1930, en los campos existían muchas arpas y guitarras; la cosa es pues m’hijito, que yo me arrancaba para esos lugares, y observaba como las artistas en crín, artistas, no artesanas, porque ellas son verdaderas artistas–recalca y luego prosigue-, cantaban y tocaban sus arpas y guitarras por las tardes, y yo chiquitita, me sentaba al lado de ellas viendo esas maravillas que iban tejiendo, que iban saliendo de sus manos, y yo oía y oía, empezando luego a cantar con ellas. Qué sabía yo de máquinas grabadoras, qué sabía de investigaciones, qué sabía yo lo que cantaba, sólo sabía que eso era mío, y que lo amaba profundamente”.
¿Qué recuerdo tiene de sus padres?
“A mi madre la recuerdo como una mujer muy hermosa, muy inteligente, vibrante, con una cabellera negra preciosa, con una palabra muy fuerte, muy culta, pero con una vida muy triste, llorando a veces, pero luchando incansablemente por nosotros (Marco Aurelio, el menor, Juan Recaredo, Ruth Estela, y Ana Margot del Carmen), trabajando hasta dos meses antes de morir. Ella debió ser una gran investigadora, una gran escritora, pero como no habían otras posibilidades en esos momentos, tuvo que trabajar en farmacia, como farmacéutica, cosa que no le gustaba”.
¿Y que me dice de Recaredo Antonio, su padre?
“Mi padre era el reverso de mi madre, ya que ella era más intelectual, más de salón, le gustaba mucho leer, mucho la filosofía, la música docta, él en cambio, era un hombre más de ramada, más de carreta, más de tierra, más de sauce, más de álamo, un gran caballero, hermoso hombre, muy lindo, claro que bueno para la chingana, muy chinganero, quizás por ello decía que él siempre había curado al hombre, ya que primero había tenido una farmacia, y después, en sus últimos años, una botillería”.
Hoy en día, ¿Cuál es el aroma que más la acerca a aquellos tiempos?
“Hay muchos olores que me transportan, sin embargo, existen dos que me encantan, uno es el olor a tierra húmeda, y el otro, ese olor a pan amasado saliendo recién del horno, esos son los que me llevan de vuelta al pasado, a mis tierras, a mis campesinos, a mi hogar. Una vez me preguntaron, ¿Cuál es la parte de Chile que más quiere, donde se siente mejor? Toditas, le respondí, ya sea en un pedacito de pampa, de roca, de mar, un pedacito de montaña, en cualquier parte, siendo Chile, me siento feliz, porque amo por igual todo aquello, porque no hay un lugar predilecto, ya que a mi patria la amo enterita”.

NACIMIENTO DE LAS HERMANAS LOYOLA.
¿Cómo nace el Dúo de las hermanitas Loyola?
“Como le contaba antes, estuvimos viviendo en Curacaví mi hermana Estela, yo, y mi mamita, la que trabajó duro cinco años, buscando el pan para sus hijas. Es ahí precisamente donde nace el dúo de las hermanitas Loyola, cuando yo tenía 14 años aproximadamente, trabajando, cantando en rodeos junto a mi hermana durante diez años, también en las cosechas de choclos, en las trillas a yeguas, trabajando duro, muy duro. Fue ahí precisamente, en los rodeos, donde me hice bailarina, bailando con los huasos, teniendo un poco más de profundidad, de pensar lo que estábamos haciendo.
Un día, mientras cantábamos con mi hermana en la trasbotica, una piececita contigua a la farmacia que mi madre regentaba, allá en Curacaví, una persona que pasaba en un auto, yendo rumbo a Viña por el lugar preguntó a mi mamita ¿Quién canta tan bonito?, dándole el dato de que intentáramos en la capital, ya que había un concurso de canto en una radio de Santiago.
Así llegamos a Radio Pacífico , presentándonos a dicho concurso, porque en aquella época eran diferentes las radios, ahí se hacían grandes concursos, con público presente, quienes escogían a sus artistas, y resulta que la gente vio en el escenario como dos niñitas de 14-15 años, con trencitas y todo, cantaban, y nos escogen, recibiendo nuestro primer sueldo, un contrato por 25 mil pesos, con tan buena suerte, que nos había escuchado Don Carlos Isamitt, y Don Carlos Lavín, dos grandes personajes que nos toman y comienzan a orientar, llevándonos después, al Instituto de Investigaciones Musicales para estudiar con ellos. Conociendo ahí al gran musicólogo historiador y escritor Pablo Garrido, y a Eugenio Pereira Salas gran escritor y historiador, claro que mi hermana tenía una voz prodigiosa, y como digo siempre, yo le llevaba las de abajo, es decir, la segunda voz.
Tengo un cariño y un recuerdo muy lindo por don Carlos Isamitt, uno de mis grandes maestros, culpable de mi acercamiento a la música Mapuche, ya que él había estudiado 7 años con ellos, inserto en sus comunidades, así nace una de sus grandes obras “El Friso Araucano” basado en siete hermosas piezas musicales, yendo todos los domingos a su casa ubicada en la calle Buenos Aires, cerquita de Recoleta donde yo vivía, para enseñarme todas estas cosas, él fue uno de mis grandes maestros en esta Escuela de investigaciones musicales que recién le nombré”.
¿Usted me habla de las escuelas de temporada de la Universidad de Chile?
“Sí, trabajé en el Instituto como un milagro, porque cuando nosotras nacimos con mi hermana, veníamos del campo cantando como los pájaros, y nos encuentran habilidades, que ahora entiendo cuales eran. Entonces, trabajé con ellos en las escuelas de temporada, por todo Chile, durante 14 años, desde Arica a Magallanes. De ahí salieron los primeros brotes de estos conjuntos folclóricos, que hoy en día, son más de cuatrocientos, porque en aquellos tiempos no había ni un solo conjunto folclórico en el país, en esos años, eran otras las cosas que pasaban por los escenarios, ¿Y qué enseñaba yo?, sólo enseñaba a bailar cueca, a tocar guitarra, y cantar algunas tonaditas, porque yo era muy joven, estaba recién empezando. Eso era lo que sabía en esos momentos, hubiera querido saber lo que sé ahora, que no es mucho, pero que es más que entonces, para haber entregado más”.
¿En qué momento Juvenal Hernández, rector de la Universidad de Chile, la invita en 1949 a enseñar folclore en estas escuelas?
“Fue durante una reunión familiar que tenían con Doña Amanda Labarca, directora de las escuelas, donde fui invitada, bailando ahí una cueca. Después de haberse acercado Juvenal, me dice que quiere que esa cueca que acabo de bailar, se enseñe en la Universidad, enviándome después donde Aníbal Bascuñán, quien era el director de las escuelas de temporada en esos momentos.
Recuerdo que la primera escuela que hice fue acá, en Santiago, luego en Valparaíso, y de ahí hacia el norte y el sur participando en unas 28 escuelas aproximadamente las que duraban un mes completo, trabajando con Matilde Baeza, una mujer de campo igual que yo, la que me acompañaba en el canto, en la guitarra, bailando unas cuecas hermosas también; claro que las últimas escuelas las realizo junto a mi marido”.
¿Recuerda cuál fue su primera producción musical?
“La primera grabación que hicimos, fue una tonada llamada: “Moliendo Maíz” (Hermanas Loyola – RCA Víctor), con letra de Cristina Miranda, esto fue en el año ’40, en un disco de vinil 78. Claro que estuvimos muchas veces yendo y viniendo, ya que rechazaban lo que presentábamos, no les gustaba mucho, ya que éramos muy jovencitas y teníamos un repertorio más bien escaso, de ahí empezamos a salir a los campos a estudiar”.
¿Cuál es la verdadera razón del porqué se separan las hermanas Loyola?
“Teníamos intereses distintos, ya que a ella le gustaba mucho el teatro y la música clásica dedicándose un poco al canto lírico, para después dedicarse al radioteatro, transformándose en una excelente comediante, tanto que anduvo recorriendo el país en el Sainete llamado don Lucas Gómez, participando también en un programa radial llamado “Esta es la fiesta chilena” en Santiago, haciendo dúo junto a Hugo Lagos, tanto, que creían que eran pareja, que eran matrimonio, pero no, ya que Estela estaba unida sentimentalmente con otro actor, Ramón Diez, quien también andaba con ellos, y de quien se había enamorado”.
Luego de dicha separación, usted decide en 1951 viajar a Buenos Aires, para estudiar con el mayor musicólogo de Latinoamérica en esos momentos, don Carlos Vega. Cuéntenos algo de aquella experiencia.
“Luego de haberse roto el dúo, quise saber si podía hacer algo sola, partiendo rumbo a Buenos Aires, arriba de un tren, sola con mi guitarra y un traje de percala “voy a tocar la puerta más grande que hay en Argentina en materia folclórica, la de Carlos Vega”, quien había sido mi maestro en las escuelas de verano, pensé. La cosa es que llegué a ese país, con una recomendación de Oreste Plath, para ser entregado a la escritora Marta Brunet, entonces, encargada cultural de la embajada. Allá decían que Carlos Vega era una persona muy terca, y resulta, que cuando llego esa noche a su casa, y toco la puerta diciéndole, “Don Carlos, quiero que me escuche”, él me hace pasar, y luego cantar hasta como a las 3 de la madrugada. Al otro día se comentaba en la escuela de danzas folclóricas, “Oye, la chilena conmovió al Vega”; no era frío el Vega, amaba Chile, de hecho, tenía registros de cerca de cuatro mil tonadas, porque para él, el género tonada es lo mismo que para mí, es decir, el género musical más importante de Chile, de todos los tiempos, y que está absolutamente vivo”.
Es en esta misma época cuando conoce también a Antonio Barceló, fundador de la Escuela nacional de danzas de ese país, háblenos de él.
“Por favor, quiero que me permita decir esto, porque le voy a contar como fueron las cosas en Argentina. Apenas llego a ese país, Antonio Barceló como Director y fundador de la Escuela Nacional de danzas folclóricas, me organiza un recital en su escuela, presentándome nada menos que la antropóloga Isabel Aretz, todo un orgullo para un campesina como yo.
Antonio me recibió en su época de oro, cuando era adorado por sus alumnos de la Escuela nacional de danzas folclóricas argentinas que él fundara junto a Carlos Vega. Ahí fui testigo de la mística y entusiasmo de estos, y de otros cientos de discípulos pertenecientes al club Gimnasia y Esgrima que bailaban enfervorizados e incansablemente zambas, gatos, chacareras, en peñas y escenarios; y yo ahí, maravillándome con sus danzas, entre cuecas, sombreritos y resbalosas, uniendo a Chile y Argentina a través de pasos, ritmos y pañuelos; junto a los sonidos de piano arrancados de las manos de Alida, su esposa; fue Antonio quien me enseñó los primeros trazos para anotar pasos y diseños de piso.
Con Antonio aprendí muchas cosas, como por ejemplo, las penas, alegrías, los sentimientos del hombre de campo, de la pampa, porque tal como ellos se vestían, lo hacía Antonio también al momento de enseñarme sus danzas, sus zambas y cuecas, sus sombreritos y resbalosas, uniendo a Chile y Argentina a través de la música, de la danza de dos pueblos hermanos, que bonito todo eso, regalándome además, aquella vez, el pasaje al momento de partir”.

LA ZAMACUECA Y SUS ANDANZAS
¿Es chilena la Cueca Sra. Margot?
“La cueca que se baila en Chile es chilena; en Perú se llama actualmente Marinera, en homenaje a sus héroes de la Guerra del Pacifico; y en Bolivia, se llama cueca también; ahora, en Argentina tiene otros nombres”…

¿Y cuál es la diferencia entonces?
“La raíz, el tronco, es el mismo Lima – Perú, donde antes se llamaba Zamacueca, siempre que me permita decir eso – advierte y luego continúa – porque hay gente que incluso dice que la cueca la inventó O’Higgins, otros dicen que la cueca es aborigen y resulta que no hay ni un solo elemento aborigen en la cueca. Entonces, nace en Perú en 1824, y luego llega a Chile; de Chile pasa a la Argentina, y luego se devuelve con el nombre de chilena. Ud. va a la Argentina y todavía la llaman chilena, o cuyana a la del sur, y zamba a la del norte, pero es la misma raíz, claro que con diferentes ramitas.
El tronco está aquí en el Conosur de América y se traslada a México, allá se mezcla con el son mexicano; estoy haciendo ese trabajo, ya que es muy importante”, nos dice esta incansable investigadora”.
Hablando de México ¿Porqué no somos tan nacionalistas como ellos?
“Yo llamo a eso idiosincrasia y no sabría decirle porqué sucede, tal vez un sociólogo podría contestarle esa pregunta, el mexicano ama todo lo de ello, se sienten orgullosos y en Chile no es tanto”. Afirma con tristeza.
¿Faltará que nos acerquemos más a los campos, nos tomemos un mate junto al brasero y escuchemos una tonada?
“No, no es cuestión ni siquiera de cultura, es cuestión de sensibilidad, yo no sé si la sensibilidad pueda orientarse, es una pregunta bastante compleja”.
¿Qué siente Ud. cuando aprecia que en las ramadas, hoy en día, lo que menos tocan es nuestra música?
“Mira, en estos momentos lo que hay que pensar es lo qué tiene cada chileno dentro. Yo vivo el 18 de Septiembre todos los días del año, absolutamente, no tengo necesidad de esperar que venga el 18 para poner mi bandera y sentirme chilena, sentirme eufórica y bailar cueca, yo vivo mi Chile en cada minuto, hasta en ti lo estoy viviendo ahora – nos dice – y luego acota: en los jóvenes que se están preocupando de la identidad nacional, de las cosas viejas y nuevas”.
¿Cuántos años lleva ya investigando nuestra música?
“No sé si sea tanto investigando, pero son 60 años que estoy en los escenarios bailando y cantando, creo que es muy poco, porque yo necesito vivir unos 500 años para seguir haciendo cosas”.

“LO MAS IMPORTANTE NO LO HE HECHO”

Su vida ha sido una caja de Pandora, composiciones, publicaciones, giras artísticas, conductora y productora de TV, profesora. ¿Hay algo que no haya hecho y le gustaría hacer por la música?
“Creo que lo más importante no lo he hecho, estoy muy angustiada porque la vida es corta y quiero hacerlo, estoy escribiendo, sacando de adentro todo lo que el pueblo me ha dado en estos 60 años, es mucho, estoy sorprendida”.

¿Se refiere a sus memorias?
“A mi memoria y a la memoria de toda la gente que me ha enseñado, quiero sacar de mí todo lo que me han dado los caminos, los viajes por Chile, la palabra de los chilenos, las lágrimas de los chilenos, los sentires y pensamientos de los chilenos”.
¿Existe ya algo concreto Sra. Margot?
“Existe un fondo en la Universidad Católica de Valparaíso, el Fondo Margot Loyola, donde se está entregando todo, ya hay melodías en las máquinas (Computadores), ahí está quedando todo – nos dice, mientras se despide de una de sus alumnas – Este fondo de investigación y difusión está en manos de un ex-alumno mío que es un musicólogo, don Agustín Zamora, él está ordenando todo eso en Valparaíso. En Santiago hay una fundación que está recién naciendo”, nos cuenta a modo de primicia”.
Ud. trabajó en las Escuelas de temporada de la Universidad de Chile por muchos años, ¿cómo fue eso?
“Trabajé en el Instituto de Investigaciones Musicales de la Universidad de Chile como por un milagro, porque cuando nosotras nacimos con mi hermana Estela, veníamos del campo cantando como los pájaros; y nos encuentran notables habilidades, que ahora entiendo cuales eran, y por ello nos llevan al instituto y nos empiezan a orientar. Entonces, yo trabajé con ellos en las Escuelas de temporadas de todo Chile durante 14 años, desde Arica a Magallanes. En aquellos tiempos no habían conjuntos folklóricos, en esos momentos eran otras las cosas que pasaban por los escenarios; de ahí salieron los primeros brotes de estos conjuntos, que hoy en día, son más de 400”, evoca con nostalgia.
En 1993, esa misma casa de estudios la invita a participar en la elaboración de un diccionario sobre la música chilena, cuéntenos algo acerca de esto.
“La U. de Chile me llamó para elaborar lo que Ud. me pregunta. Busqué entonces colaboradores, porque una cosa así no se puede hacer sola, fueron 7 personas en total. Busqué a una persona determinada para que trabajara en la danza de salón, mi marido (Osvaldo Cádiz) trabajó en las danzas rituales del norte, yo trabajé en los bailes de tierra, donde estaban la cueca, el cachimbo, la refalosa, el sombrerito, etc., danzas que son afines. Esto lo entregamos a España, donde está editándose en estos momentos”.
¿Cómo es eso del canto a lo humano y a lo divino?
“Tanto el canto a lo humano como a lo divino es un canto de hombres, el canto de mujer es principalmente la tonada en la zona central, también hay muchos cantos que son mixtos. Cuando empiezo a estudiar la tonada, que viene del año 1750 aproximadamente, ya en los campos habían hombres que las estaban tocando, pero principalmente fue de mujer con arpa y guitarra, este canto, en estos momentos, tiene una fuerza “IM- PRE- SIO- NAN- TE” en una gran área de la zona central del país, se canta a veces con guitarra y en otras con guitarrón. Ahí está el payador y el canto a lo humano y a lo divino que son cosas algo diferentes, mucho más interesante y más difícil es el canto a lo humano y a lo divino; ahí esta el que compone, el poeta, hay mucha gente que canta versos por tradición. En el canto a lo divino se canta a la virgen, a Dios, pero como lo ve el campesino, y lo humano es todo lo que tenga que ver con la tierra, naturaleza, etc. Entonces, son cantos diferentes pero de nuestra tradición musical”.
“ME JUNTABA CON VIOLETA Y LLORABAMOS”
¿Qué opina cuando la comparan con Violeta Parra?
“Somos dos cosas diferentes absolutamente, porque Violeta Parra fue genial y Margot Loyola no – Eso no lo dicen los amantes del folklore Sra. Margot, le contesto, nos mira, se sonríe, y nos dice – Yo les agradezco mucho porque ustedes me están dando más de lo que yo valgo – Es que usted se lo ha ganado, replico – Bueno, eso sí. Yo he hecho escuela, me ha interesado enseñar, ir a las aulas principalmente, he seguido la línea que me ha marcado el campesino, como ellos me han enseñado es como yo voy.
Violeta Parra fue genial y en su primera época compuso exactamente igual que los campesinos, pero después creó nuevas cosas. No me gustan las comparaciones porque Violeta tuvo su nombre y yo el mío, Violeta hizo su labor y yo la mía; aparecimos más o menos juntas, sólo que yo llegué a la academia. Uno puede o no llegar a la academia, a mí la academia me encanta, estudié 7 años de piano en el conservatorio y eso me dio un conocimiento musical de las grandes formas. Violeta no quería mucho la academia, no la necesitaba porque era genial; yo sí la necesito, quiero saber qué es lo que estoy haciendo, cual es esta corriente, de donde viene esta otra, he trabajado principalmente en las aulas, con alumnos. Violeta destaca en la creación. Hay gente que dice que yo también soy creadora, creo que no, todo lo que me sale de adentro es lo mismo que le sale a los campesinos, a los chilenos que me han enseñado en los lugares más aislados, en la ciudad, porque el folklore está en todas partes”.
Tengo entendido que los primeros años junto a Violeta en Francia no fueron fáciles, que pasaron penas.
“Me juntaba con Violeta y llorábamos, cuando llega la gente del extranjero, cuenta maravillas, yo digo la verdad – nos aclara y luego continúa – la Violeta me decía “no vayas a Inglaterra porque allá son muy fríos” y no fui a Inglaterra. Ellos (Los ingleses) decían que nosotros, los chilenos, éramos muy “alaraquientos” ¡No!, dice categóricamente, nosotros podemos ser más profundos que ellos, tenemos más sangre, un qué se yo,. Y muchas cosas que dijeron y nosotras contestábamos, Violeta pegaba con la guitarra – recuerda entre risas – ella pegaba y hablaba y yo pegaba con la palabra”.
¿Tuvo Ud. ese presentimiento de que Violeta se iba?
“Una vez, Violeta me dijo esto: “Mire comadre, una tiene que decidir el momento de su muerte”, y lo decidió. Yo le dije que no lo iba a decidir nunca, porque no quería morir, ahí empezamos, frente a la muerte, con un problema diferente. Frente al amor, también teníamos absolutamente
diferencias, porque yo pienso que la vida es corta y se debe amar a un solo hombre ; y ella en cambio, pensaba que un solo hombre le cansaba, que tenía que cambiarlo siempre”.
¿Recuerda la última vez que la ve con vida?
“Por supuesto, como no voy a acordarme; esto fue en enero de ese año, 15 días antes de que se suicidara.
Una vez más la habíamos visitado junto a mi esposo en su carpa, actuando para ella ese día; ya en el final, en la hora del mate junto al brasero, recuerdo que estábamos sentados conversando en su casita de al lado, cuando de repente, Violeta se para y nos muestra algunas de sus pinturas, trayéndonos enseguida el disco más
reciente que había grabado, “Las últimas composiciones”. Ahí mismo le pregunté extrañada, asustada: Pero comadre ¿Porqué sus últimas composiciones? Y ella me responde: “Por eso po´h comadre, porque son mis últimas composiciones”, nada más, de nuevo quedé helada; ahí baja la cabeza, y toma una especie de pluma gruesa con la que ella pintaba, dedicando ese long-play tanto a mí como a Osvaldo…Violeta se estaba despidiendo”.
¿Cómo cree que las va a recordar la historia?
“No sé. Uno no hace cosas para que la historia nos recuerde; uno las hace como opción de vida, porque las siente profundamente.
Margot y Violeta fueron dos caminos que nacieron, que provienen de una misma raíz; la tierra; nuestro pueblo. Dos mujeres que en algún momento de sus vidas, se internaron por diferentes senderitos, hasta reencontrarse de nuevo en el mismo lugar…en el amor por el hombre y por un Chile mejor”.
¿Extraña su presencia?
“Por supuesto que la extraño, me hace mucha falta la Viole; a todos nos está haciendo mucha falta hoy en día…me hubiera hecho muy bien que ella hubiere vivido.”
¿Qué pasaría en el medio cultural, de estar viva su comadre?
“En estos momentos, estaría peleando igual que yo por el folclore. Por eso le digo que me hace mucha falta, más que nunca, ya que estaríamos las dos juntitas, muy unidas, remando pa´l mismo lado como una sola gran fuerza, luchando contra esos incrédulos que nunca faltan en favor de nuestra cultura; porque cuando se juntaban la Parra con la Loyola, ahí sí que iba a correr sangre. Porque sepa usted señor que fuimos como dos rosas atadas, y bien espinudas cuando se trataba de defender nuestro folclore. ¡Sí señor! Y bien espinudas”.
LAS RANCHERAS Y LA CUMBIA EN CHILE
Ya que me habló de rancheras, Sra. Margot ¿se ha fijado que hoy en día, se escuchan más rancheras que nuestra propia música en los campos chilenos?
“Así es la cosa mijito – nos dice con resignación – Al campesino le están dando las 24 horas del día con la música mexicana a través de la radio y la TV , y la está tomando. Yo he visto a campesinos que se visten de rancheros y les gusta mucho, ahí no hay nada que hacer – nos responde apenada y luego continúa. Pero este trasplante de música, adopción y adaptación por los pueblos ha sucedido siempre, puede entonces que ahora adapten la música ranchera pero con un sello chileno, de hecho, está en un proceso de folcklorización, pero está recién comenzando. Lo que ya está folcklorizado es la cumbia – nos dice pedagógicamente – porque la cumbia como se baila en Chile no se baila en ninguna parte, el chileno le puso su sello, su estilo, su carácter; al principio bailan con un círculo, después se cambian de lado, todo esto de la cueca. Estuvimos con mi marido en Colombia estudiando, y allá me decía un profesor: “esto no es cumbia” ¡AH! Ud. no sabe nada, porque allá en Chile, en mi pueblo, la bailan así, le dije. Pero si Ud. ve bailar a un pascuense y ellos le ponen a la cumbia un poco de Sau-Sau; y si Ud. va al Perú, allá están bailando el huaino y de repente aparece la cumbia en ciertos aborígenes. Entonces, la danza va de un lado a otro, no hay fronteras, cuando la comunidad hace popular un género o una especie musical, cuando todos la conocen y les gusta, que les sirva, y que tenga un tiempo y el sello de la comunidad, eso será chileno, venga de cualquier parte del mundo, porque allá es diferente”.
En una oportunidad, conversando con Eduardo “Gato” Alquinta, vocalista de “Los Jaivas”, me decía que el culpable de que en el público haya un desconocimiento por nuestra música se debe a que la industria discográfica occidental es hoy en día un comercio, por lo tanto, ellos imponen lo que uno debe escuchar, ¿cuál es su opinión al respecto?
“Es cierto, uno graba lo que ellos quieren – nos dice con voz firme – eso sí, yo no he grabado nunca lo que ellos han querido, se ha producido un milagro, en esto estoy muy agradecida – nos cuenta mientras hacemos una pausa para que tome un medicamento de manos de Osvaldo Cádiz, su esposo (en la foto, junto a Margot) y ex alumno de ella – Es que estoy un poco enferma – acota y luego continúa – he grabado para muchos sellos pero nunca me impusieron algo, siempre grabé lo que quise. Dicen que el folclore no es comercial, lo que pasa es que en estos momentos, por desgracia, nos movemos en torno al dinero, “cuanto tienes, cuanto vales” y algunos que tienen mucho no valen nada y otros que no tienen nada valen mucho, eso por favor recálquelo – nos señala – entonces, ellos llevan para arriba la música que quieren. Mi música va más de boca en boca, ya que ellos nunca han hecho propaganda por lo que he grabado”.
¿WHO IS CHILE?
Si extranjero se le acerca y le pregunta ¿Who is Chile? ¿Qué respondería?
“Que somos un país mestizo con una gran dosis de aborigen, con gran orgullo, donde el indio no está ausente, que somos gente preciosa, que lo chileno es lo mejor; adoro al chileno, la mujer chilena me parece preciosa, un país donde hay menos machismo que en toda Latinoamérica, eso les diría”.
¿Qué recuerdos tiene de los campos de Linares, su tierra natal?
“Tengo el recuerdo del paisaje maravilloso, naturaleza, estrellas, montañas, árboles, caminos, carretas tristes, tengo el recuerdo de otro tipo de gente como lo es la gente de campo, con otros sentires, con otros pensamientos, con otro mirar, con otro andar, con un no sé qué. Vivo pensando en toda la gente que me ha enseñado, en Linares, Rari, Panimávida, en grandes amigos como la María Concepción Toledo que está vivita y coleando, en las artistas (artesanas), eso me quedó muy adentro”.
Si no se hubiera dedicado al folklore ¿qué hubiera sido de Margot Loyola?
“Me habría gustado ser enfermera o médico para estar cerca del hombre, para haber calmado en parte sus dolores; estoy cerca de la gente, por supuesto, puedo hacer algunas cosas a través de mis peticiones, de mis lágrimas, a través de la modestia con que pido, aunque a veces me enojo y arde Troya – nos advierte sonriente y luego prosigue – trato de ser más bien suavecita, porque creo que una palabra, una lágrima, vale más que una bala; creo que voy por el camino del cristianismo, adorando a Cristo-Hombre, a su doctrina y siguiéndola. Me hubiera gustado ayudar a la gente de otra forma, no sólo a través de mis lágrimas y de mi canto, sino también en acciones mucho más fuertes”.
LA NOVIA DE LA PATRIA
¿Cómo ha sido su vida?
“He sido una mujer con muy pocas ambiciones, muy modesta, que salí de los
campos y siempre he vuelto a los campos, me siento una mujer campesina, aferrada a mi tierra. Nunca desee tantas cosas, todo se me ha dado milagrosamente, por eso estoy muy agradecida de mi país, de mi pueblo y de mi Dios”.
¿Qué le diría a su pueblo?
“Que la gente ame, que se quiera a sí misma, que amen a todo lo que les rodea como algo de Chile”.
¿Cómo le gustaría que la recordaran?
“A mi marido le hicieron esa pregunta el otro día ¿Y sabe qué contestó? Chilena, con esa palabra que la recuerden, dijo mi esposo. Violeta Parra me tiene escrito en un una de las fotografías que me regaló: “A la mujer más chilena que yo he conocido”, y si lo ha dicho una Violeta Parra es que nadie lo puede refutar”. Nos dice al finalizar, esta verdadera novia de la patria (nacida coincidentemente en Septiembre, un día 15 de 1918), quien con su encanto y su música, logra que cada vez más chilenos se enamoren de su presencia y de lo todo lo nuestro; dejándonos como legado, un cariño irrestricto por su pueblo y sus tradiciones…y por supuesto, sus tantas investigaciones plasmadas en libros y grabaciones.
Por: Julio San Martín, Periodista

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Comentarios

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