REPATRIAN OSAMENTAS DE KAWESQAR PROVENIENTES DE EUROPA

Escrito por Aragornx • en 9 junio, 2010 • Categoría: Cultura Tradicional

Esta tremenda y triste noticia para la historia de nuestra patria, nos atrevemos a publicarla hoy, a sabiendas de que ocurrió hace siete días atrás; la razón es clara y a la vez simple, por ser tan valiosa, www.prensafestival.cl no quería que se perdiera en el bosque de las elecciones presidenciales, ya que merece un absoluto respeto por quienes la padecieron.
Los restos de cinco nativos de la etnia Kawesqar (cuatro mujeres y un hombre), han vuelto a sus tierras, después de haber sufrido en vida la horrorosa humillación de ser exhibidos en diversos museos humanos por la Europa del siglo XIX.
Provenientes de la Universidad suiza de Zurich, dichas osamentas fueron recibidas en Santiago por la propia Presidenta de la Nación, Sra. Michelle Bachelet Jeria, quien emocionada declaró:
“Al recibirlos, el Gobierno de Chile ha querido hacer público, en nombre de la nación, un claro mea culpa, por la complicidad de las autoridades de la época con estas expediciones infrahumanas, o cuando menos, por la desidia frente a tales abusos”.
Para comprender de mejor manera las sentidas palabras de la Primera mujer Presidenta de nuestra historia republicana, es necesario mirar al pasado para darnos cuenta de la barbarie que tuvieron que padecer indígenas que habitaron la Patagonia. Tanto colonos chilenos como europeos llegados a Tierra del Fuego producto de la Fiebre del oro, a fines del siglo XIX, cazaban a estos nativos como si fueran animales, recibiendo la paga de una libra por cada cabeza o par de orejas cercenadas; siendo los cráneos hervidos en calderos, vendidos a mejor precio en los museos de Europa (Dato recogido desde el museo de Puerto Williams). Vergonzoso, por decir lo mínimo. Además de aquello, muchos de ellos fueron llevados en contra de su voluntad a Europa, tanto como sirvientes; y también para ser exhibidos en museos, siendo encerrados en jaulas de vidrio. Por ejemplo, algunos vecinos de la etnia yagan, en el año 1830, fueron llevados a Inglaterra por la expedición del navegante inglés Fitz-Roy; quien acarreó a cuatro jóvenes yaganes, y entre ellos, a un joven de sólo trece años de edad para tratar de “domesticarlos” a su usanza, bautizándole a este, como Jemmy Button (1816?-1864); gesto que no dio buenos resultados, a pesar de enseñarles inglés y doctrina cristiana, trabajos manuales, herrería, carpintería y horticultura. Beneficios que para nada eran útiles en estos hombres alejados a la fuerza de sus costumbres, ritos, familia y lugares que les vieron crecer, devolviéndoles el mismo Fitz-Roy a su entorno natural recién en el año 1833, ocasión en que vuelven a las costas patagónicas sólo tres de cuatro, uno de ellos había muerto de viruela en Inglaterra.
Ya en 1881, los indígenas habían comenzado a ser aniquilados también por epidemias foráneas, registrándose tres años más tarde, la desaparición de hasta un 90% de su población producto de patologías tales como la tifoidea o el sarampión.
El encuentro con otras culturas había sido nefasto para los patagones; rápidamente dicha comunidad fue desapareciendo a causa no sólo de enfermedades como la TBC o pestes como las antes mencionadas; sino que también a inequívocas costumbres occidentales llegadas desde Europa, tales como el alcoholismo, (causa existente hasta nuestros días), la sobreexplotación humana, o los viles asesinatos a mansalva.
Las cuentas están claras, los Kawesqar puros ya han desaparecido para siempre; en cuanto a los yaganes, sólo existe una indígena de sangre pura aún viva, la Sra. Cristina Calderón (nace un 24 de mayo de 1928), única que entiende y habla su lengua (aunque por estos días no tenga con quien conversar en su idioma), quien aún vive por los parajes de sus antepasados, entre la nieve y el dolor; al interior de “Villa Ukika”, Isla Navarino, Patagonia chilena.
Fue allí donde precisamente me interné, para saber en carne propia los dolores de su raza…he aquí parte de aquella histórica y emotiva entrevista.

“POR QUE LO HICIERON”

En la majestuosidad de las montañas nevadas; en la quietud de los canales australes; en la hermosura de estos ríos turquesas, ya no baja la luna a bañarse enamorada.
El viento ya no es el mismo por estos lugares, en vez de cantar, gime; el sol ya no es el sol, ahora castiga a sus seres con esos rayos ultravioletas de matar, como si siguiera un mandato divino ancestral, queriendo cobrarle de alguna manera a las conciencias humanas por conductas irreprochables; es la mano de Lam (Dios Sol en yagan), que duda cabe. Por todas esas manchas rojas que se fueron diluyendo silenciosamente, una a una, entre tanto hielo milenario, sobre tanta nieve patagónica, junto a tanto desecho perdiéndose en el mar de los olvidos, sobre tantas canoas abandonadas ya inexistentes.
Aún se escuchan por las noches los desgarradores quejidos de la historia…aún se escuchan; mientras esta yagana nos recibe sentada a la usanza ancestral, sobre un tronco, y con los brazos cruzados en busca de respuestas que no llegarán.

¿Qué sintió aquel día que tuvo que abandonar Bahía Mejillones?
“Nada porque me vine antes”.

¿Cómo fue eso?
“A muchos indios los sacaron no más, a la fuerza, pero yo salí porque no tenía nada ahí, huérfana, porque sí no más. Los otros tenían siempre sus vacunos, sus caballos, casas y todas esas cosas, pero yo no tenía nada, así es que pa´ qué iba a estar allá, por eso me salí”.

¿Para donde se fue entonces?
“Después me fui a vivir al otro lado, Argentina, donde estuve como por 10 años (1949 al 1959) porque me junté con uno de allá. Después murió, me vine pa´ acá yo, y me quedé porque tenía como cinco niños; y había profesor acá pero escuela no había todavía, profesores marinos no más; me quedé por eso, pa ´ que estudien los chicos”.

Si un extranjero le ofreciera dinero, pasajes y una casa completamente amoblada para que usted viviera cómodamente en cualquier parte del mundo, ¿Aceptaría irse de Navarino?
“No, no me voy de aquí”.

¿Por qué razón no se iría?
“Aquí está todo lo mío; mi tierra; mi mar; mis nietos; mi gente; mis muertos en Mejillones, todo está aquí. No me iría pa´ ningún lado, aquí no más, aquí está mi historia”. Nos responde segura, con orgullo absoluto de yagan, aunque reconozca que por estos días ya no le gusta comer pescados, ni menos navegar. “Uno de mis hijos me ha invitado pero no quiero, nada porque me mareo”. Simples hechos, cotidianos para muchos, pero que ínfimamente demuestran, una vez más, todo el daño causado por el hombre “civilizado” a una etnia ancestral tan distante para ellos socialmente “salvaje”, en detalles tan básicos como son los gustos o las costumbres.

Si de usted dependiera mantener vivas sus tradiciones, su idioma ¿Qué haría para aquello?
“Quisiera trabajar, traspasar mis historias a los jóvenes para que aprendan mi raza, mi lengua; hacer talleres de artesanía; enseñar todo lo yagan, tal como lo que pasa en esas reuniones donde van los viejitos pa´ juntarse y contar historias, aprender cosas, como los de la tercera edad donde yo voy.
Me gustaría que todos los chilenos aprendieran a hablar mi idioma porque sería bonito, pero no se interesan. Aquí estaban los Lawrence, pobladores antiguos gringos, don Federico, don Martín y don Alberto Lawrence, todos hermanos, ya que su papá era misionero, ellos hablaban la yaga. Ustedes también pueden aprender, claro, el miedo que se pierda siempre está, porque si yo me pierdo ya se van muchas cosas”. Nos dice refiriéndose a su idioma nativo.

¿Ha visitado el museo de Puerto Williams (distante a dos y medio Km. De Villa Ukika)?
“Sí, sí”.

¿Se siente identificada con lo que allí muestran y dicen de su cultura?
“Sí, está bien hecho eso, me han invitado, con la artesanía y todo eso, el Chiajòs (Ruka y ceremonia del mismo nombre, para jovencitos en edad adolescente). En el fondo hay una foto de mi papá, Juan Calderón, aparece con una flecha, ese es”.

¿En la actualidad, respeta la juventud yagan a sus ancianos con la misma fuerza que sus antepasados?
“No”.

¿Por qué no?
“Porque no po´h, yo ahora estoy solita acá; estoy viendo nada más que mi nieta que vino a quedarse de Concepción, y mis hijos; porque a los otros nunca los veo. Tengo sobrinos de segundo grado, todos por ahí están, ni sé como están ellos”.

¿Por qué cree que pasa esto?
“Yo creo que se avergüenzan de su abuela, de su raza”.

¿Cómo es un yagan actual?
Sonríe mirando a su hija (Lidia González), medita primero como ordenando las ideas y luego responde. “Flojos, sí; vergonzosos; buenos pa ´l trago, no como yo, orgullosa de ser una yagana”.

¿Le molesta que venga gente a verla sólo para sacarse una foto con usted, tal como dicen: “con la última india yagan viva”?
“Sí, no me gusta, porque parece una cosa rara uno; no me gusta, es doloroso eso”.

¿Qué siente cada vez que ve por televisión a otras razas celebrando sus ritos vestidos con sus trajes típicos, cantando y bailando sus ceremonias, a diferencia de los yaganes?
“Una pena tremenda siento”.

¿Por qué?
“Porque conocí a una mapuche el otro día en Usuhia, y ella me pregunta si usábamos algún instrumento así, como ellos en sus ceremonias ¡No!, le dije; eso me causó mucha pena”.

Al ver que poco a poco está desapareciendo su raza. ¿Qué les diría a los blancos del resto del mundo?
Piensa por unos segundos con esa sabiduría de anciana yagan, respira profundamente y luego contesta con dolor: “Qué le puedo decir… que porqué lo hicieron…que porqué lo hicieron”. Espeta con tono triste, para luego despedirse con un simbólico Alayala.
Palabras que estremecen; que nos hacen reflexionar; pero que al mismo tiempo, duelen como puñalada en nuestros corazones, en nuestras propias esperanzas; en nuestras todas conciencias.
Hace frío en Navarino, cada vez se tornan más helados estos paisajes, el olor a muerte se siente, se respira. Lloran los cielos mientras un ave de nombre Tachikachina, comienza a cantar entre los montes alzando luego su vuelo…
… ya es tarde para volver atrás en esta canoa de la vida, demasiado tarde.

Julio Fernando San MARTIN.
Editor periodístico.

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