Gabriela Mistral, seudónimo de nuestra gran poetisa Lucila Godoy Alcayaga, humilde maestra rural, nace entre las montañas de Vicuña, Valle de Elqui, un 7 de abril de 1889. Claro que su veta literaria surgiría años después, en el año 1914; cuando gana entre 400 participantes, el primer premio en los juegos floridos realizados en Santiago de Chile, gracias a su poemario “Los sonetos de la muerte”.
Incomprendida por el machista mundo literario y cultural a comienzos del Siglo XX, muy pronto se iría del país, rumbo a México (por los años veinte). De hecho, un año después de haber sido editada en EE.UU. “Desolación”; aparece en México “Lectura para mujeres”, en una edición de veinte mil ejemplares. País que la enaltece, levantándole, además, una estatua. Por su parte, la editorial “Cervantes” de Barcelona, la da a conocer en España, en una obra antológica denominada: “Las mejores poesías”. Hablamos de 1923, mismo año cuando recién aparece publicado en Santiago de Chile, su “Desolación”. Su éxito literario habría de expandirse rápidamente por el orbe; tanto así, que un 12 de diciembre de 1945, Gabriela Mistral recibe a los cincuenta y seis años de edad, el Premio Nobel de Literatura, de manos del Rey Gustavo de Suecia; siendo la primera escritora latinoamericana en recibirlo. No obstante a aquello, en nuestro país, sólo recién se le reconocen sus meritos literarios en el año 1951, o sea, seis años después, ocasión en que le otorgan el “Premio Nacional de Literatura”.
El día 10 de enero de 1957, sus grandes ojos verde agua, dejarían de parpadear para siempre; falleciendo en Nueva York, producto de un atormentador cáncer. Claro que la última vez que visitaría en vida su patria, sería tres años antes; ocasión en que tiene oportunidad de compartir con sus amigos de siempre, y por supuesto, junto a los niños de Chile; a quienes escribió la mayoría de sus poemas.
Por: Julio Fernando San Martin, Periodista